Graciela Bello Blog: EL ARTISTA VENCE A LA MUERTE?


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Graciela Bello
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EL ARTISTA VENCE A LA MUERTE?
fecha 11 de Mayo del 2008 a las 11:44:18 - Leído (43) veces

El ser humano se apega a la vida y desearía que ésta no acabara nunca.
Una forma de perpetuarse son los hijos: en sus parecidos con nosotros mismos,
en sus logros, encontramos una continuidad de nuestra vida, a veces hasta una reivindicación. Yo nunca aprendí a nadar. Cuando mi hijo era pequeño (siempre fue un poco temerario), se tiraba del trampolín más alto a las carcajadas, yo disfrutaba de su salto, tanto o más que si yo misma me hubiera atrevido a darlo.
Además de los hijos, hay grandes y pequeñas proezas que pueden prolongar la vida misma. Los próceres tienen sus estatuas para ser recordados.
Pequeñas tradiciones familiares: la receta de una torta de la abuela, una anécdota, una canción de cuna repetida de generación en generación…son efímeros instantes de resurrección.

Los artistas ponen todo su espíritu en sus obras y sin duda, esperan sobrevivir en ellas mucho más que los demás mortales.
En “Las palabras”, texto autobiográfico de Jean Paul Sartre, el sagaz autor revive su infancia. Cuenta su aproximación a la literatura y a los escritores jugando en la biblioteca de su abuelo:..”Como yo no tenía ni hermano, ni hermana, ni compañeros, los convertí en mis primeros amigos….Para mí no estaban muertos, o por lo menos no del todo: se habían metamorfoseado en libros.”
…” los cogía en brazos, los llevaba, los dejaba en el suelo, los abría, los volvía a cerrar, los sacaba de la nada y a la nada los devolvía; esos hombres-troncos eran mis muñecas,
y me daba lástima esa supervivencia paralizada que se llamaba su inmortalidad.”

Impiadoso con los demás, también lo fue consigo mismo. Dice más adelante:
“Yo: veinticinco tomos, dieciocho mil páginas de texto…y entre ellos, el retrato del autor. Mis huesos son de cuero y cartón, mi carne apergaminada huele a cola y a moho, me contoneo muy a gusto a través de sesenta kilos de papel. Renazco. …No puede olvidarme nadie ni dejar de mencionarme; soy un gran fetiche, manejable y terrible”.

A pesar de definir con crudeza esta inmortalidad relegada a los estantes de la biblioteca,
él fue uno de los artistas que llegó a conocer su fama en vida (se dio el gusto hasta de rechazar un premio Nobel!) y a tener conciencia de su gloria póstuma. Son pocos los artistas que tienen esa posibilidad: pensemos en Van Gogh y su desdicha. Nada le hacía sospechar el reconocimiento posterior.
Picasso fue otro artista que saboreó su triunfo en vida. En sus últimos años asistió a su endiosamiento. Los galeristas hacían cola en su estudio, esperando a que se dignara a recibirlos, le imploraban para que les entregara unas obras para vender. Qué regocijo y qué revancha resultaría esta situación para cualquier pintor común! Son muy pocos los que llegan a ser conscientes de su inmortalidad a través del arte.

En la bella novela “Narciso y Goldmundo”, Hemann Hesse también se refiere a este tema: “Goldmundo pensaba que él y los demás hombres fluían y se transformaban incesantemente y terminaban disolviéndose, en tanto que sus imágenes, creadas por el artista, permanecían siempre las mismas sin mutación alguna.
Decíase que tal vez la raíz de todo arte… fuera el temor a la muerte. La tememos, nos horroriza la transitoriedad…Y si como artistas creamos imágenes…únicamente lo hacemos para salvar algo de la gran danza de la muerte, para asentar algo que dure más que nosotros. La mujer que sirvió de modelo al maestro para su hermosa Virgen tal vez ya esté marchita o muerta , y pronto morirá él también…pero su obra permanecerá, seguirá brillando en la tranquila iglesia conventual cien años después y mucho tiempo más, y conservará su hermosura, y seguirá sonriendo con la misma boca tan lozana como triste.”

Tanto en el sarcasmo de Sartre, como en el lirismo de Hesse, a los artistas se les concede por lo menos, una “sobrevida” de cien o más años, mucho más que a cualquier hombre común…con lo cual: corremos con ventaja!!!
Sin embargo, no todos los artistas se conforman con esa fama post-mortem: hay algunos que lo quieren es simplemente SEGUIR VIVIENDO.
Tomemos las palabras de un genio del presente, Woody Allen:
No quiero alcanzar la inmortalidad mediante mi trabajo, sino simplemente no muriendo.”
Seguramente a él le gustaría seguir caminando por New York, haciendo sus películas o tocando su saxo, para siempre…
Estamos de acuerdo. 

Si te interesó esta reflexión, puedes visitar mi blog, para leer otros temas y poder comentarlos:
http://gracielabello-art.blogspot.com







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Comentarios (1)
graciela - 2008-05-11
Vincent Van Gogh ,ignorado durante su vida, alcanzó la inmortalidad a través del arte.





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