Me encanta la genialidad de tus obras y de ésta en particular, y aunque yo soy de tu línea, ya quisiera yo pintar como tú, porque tú eres creador de un estilo.
Enhorabuena. Sigue pintando.
Orlando Bofill nos sumerge en una ficción plástica que se mira a sí misma como una geometría lumínica del presente que desprende tantos signos rincones.
Sus personajes amuñecados son como huellas articuladas que se van desenmascarando en distintos niveles, porque desean mantener su ambiguedad para así facilitar el que sea el espectador quien les restituya su configuración intrínseca.
Planos hábilmente diferenciados pero compenetrados en una composición que se organiza de mayor a menor, que se solidifica para que las formas se cierren sin que sus secretos dejen de revelarse.
Toda una pintura cubana nevega bajo estos atributos, él le aporta otra vertiente, otra dimensión que la ilumina, que la vivifica a fin de que esa experiencia sea un permanente presente.
La hasta cierto punto infantil presencia de esos caracteres y rasgos predispone a un comienzo de visión que después alcanza una realidad que se acomoda a un lenguaje que no espera verse, pero al hacerlo plasma la intensidad sosegada de esa escritura.
Nos deja mucho que ver y hasta lo más escondido nos dice que está ahí.