Manifiesto fundacional · 2006
Evidentemente la obra plástica mostrada en una pantalla de ordenador pierde la dimensión pero no la idea, por lo tanto si una de las necesidades más primarias del artista es comunicarse, mostremos nuestras ideas al mundo para hacer de nuestro arte un arte más completo, nos reconoceremos, tomaremos la iniciativa una vez mas, quizá una de tantas veces mas. Únete a nosotros.
La exposición
estratos
Las bicicletas de Carlos Salvador parecen haber llegado a ese momento. Algunas descansan contra una pared, otras permanecen entre escombros o se confunden con la vegetación. Ya no importa demasiado si todavía pueden llevarnos a alguna parte. Lo que importa es lo que nos sugieren.
En estas fotografías, la bicicleta deja de ser únicamente un medio de transporte para convertirse en protagonista de una pequeña historia cotidiana. Hay algo de abandono, de memoria y también de una belleza inesperada en esos objetos que el tiempo ha ido incorporando al paisaje.
Carlos observa sin intervenir. Su mirada encuentra composiciones donde aparentemente solo hay cosas olvidadas. Una rueda, un cuadro oxidado, una pared blanca o unas piedras amontonadas bastan para construir imágenes que nos invitan a detenernos.
El contraste entre la geometría de las bicicletas y el desorden de su entorno adquiere, en ocasiones, una dimensión casi escultórica. En otras, es la sencillez de la escena la que nos conmueve.
Carlos Salvador forma parte de Artistas de la Tierra desde hace muchos años. Su presencia constante y su participación activa lo convierten en uno de esos artistas que han contribuido, con sus obras y su continuidad, a dar vida a esta comunidad.
Esta exposición es también una manera de reconocer esa trayectoria compartida.
Quizá lo más interesante de estas fotografías sea que no pretenden convertir lo cotidiano en algo extraordinario. Simplemente nos recuerdan que, para quien sabe mirar, lo cotidiano ya puede serlo.
**Maat** *Artistas de la Tierra*
Comentarios y críticas
<strong>Cruz-Calonge transforma lo real según el resultado que su gran capacidad plástica le proporciona y lo que una elección determinada del método creativo le exige: un trabajo en que cada obra es un experimento. Es decir, alienta en él más la predilección por el instrumento y los procedimientos.
De ahí deriva su ansia de iniciar distintos rumbos, diferentes rutas, entre el informalismo, el surrealismo, Miró, lo figurativo, siempre investigando aquella que pueda facilitarle una pista por la que confluir hasta la consecución de su obra definitiva.
Bien es verdad que tal afirmación es fácilmente aplicable a otros artistas, pero no por ello es menos cierta en este caso.
Su preferencia por el acrílico denota una pasión más allá de sus posibilidades en el procedimiento a emplear, revela una voluntad de estilo más allá de su oficio, y confía en ese potencial para imprimir un cauce de mayor libertad a su pintura.
Por consiguiente, se percibe un cierto furor inventivo, una idea panteista de la materia, una inundación de fuego, la frecuencia de signos y tachaduras, profusión de blancos y negros, un informalismo extraído del subonsciente, una figuración -ojos, rostros, etc.- que intenta asomarse a ese mundo informal para humanizarle o satanizarle, una luz cuya intensidad deslumbra, etc.
Y por último, es una pintura que forma parte de la dramaturgia estética española, tiene ese fuerte enraizamiento.
No obstante, le queda mucho todavía aunque si persevera llegará. </strong>
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