Manifiesto fundacional · 2006
Evidentemente la obra plástica mostrada en una pantalla de ordenador pierde la dimensión pero no la idea, por lo tanto si una de las necesidades más primarias del artista es comunicarse, mostremos nuestras ideas al mundo para hacer de nuestro arte un arte más completo, nos reconoceremos, tomaremos la iniciativa una vez mas, quizá una de tantas veces mas. Únete a nosotros.
Comentarios y críticas
Toda puerta implica la posibilidad de pasar al otro lado, la existencia de otra realidad más allá de la pared. Una puerta abierta es algo así como el desfallecimiento de la solidez del muro. En esta obra, el umbral de tránsito tiene lugar en las ruinas de una casa abandonada rodeada de vegetación. Vemos lo que fue un entorno doméstico, pequeña patria íntima que ha desaparecido.
El ojo del espectador mira desde un lugar que fue y ya no es, y contempla al otro lado del edificio semiderruido la frondosidad de la naturaleza. Plantas y arbustos han recuperado aquel terreno circundante que les fue arrebatado para uso humano y que ahora reconquistan con renovada fuerza. La vitalidad de este jardín silvestre y aleatorio contrasta con la decrepitud del caserón. El aparente caos de la flora se impone al intento de ordenación urbanística.
En un mundo vertiginoso, donde los acontecimientos se suceden con inusitada rapidez, la desaparición deviene una metáfora identificadora del signo de los tiempos. Todo cambia sin cesar y no es raro pues que las personas que no han perdido la memoria, y más aún los artistas de mirada lúcida, se conviertan en coleccionistas de desapariciones.
A veces para interpretar el mundo, la vida, y quizás a nosotros mismos, tenemos que acudir a los vestigios y a los restos de lo que un día existió en todo su esplendor, y aprender la dura lección de la humildad. Todo es efímero y sólo queda la belleza fugaz, bendita belleza fugaz, del instante fijado en la fotografía.
La exposición
estratos
Las bicicletas de Carlos Salvador parecen haber llegado a ese momento. Algunas descansan contra una pared, otras permanecen entre escombros o se confunden con la vegetación. Ya no importa demasiado si todavía pueden llevarnos a alguna parte. Lo que importa es lo que nos sugieren.
En estas fotografías, la bicicleta deja de ser únicamente un medio de transporte para convertirse en protagonista de una pequeña historia cotidiana. Hay algo de abandono, de memoria y también de una belleza inesperada en esos objetos que el tiempo ha ido incorporando al paisaje.
Carlos observa sin intervenir. Su mirada encuentra composiciones donde aparentemente solo hay cosas olvidadas. Una rueda, un cuadro oxidado, una pared blanca o unas piedras amontonadas bastan para construir imágenes que nos invitan a detenernos.
El contraste entre la geometría de las bicicletas y el desorden de su entorno adquiere, en ocasiones, una dimensión casi escultórica. En otras, es la sencillez de la escena la que nos conmueve.
Carlos Salvador forma parte de Artistas de la Tierra desde hace muchos años. Su presencia constante y su participación activa lo convierten en uno de esos artistas que han contribuido, con sus obras y su continuidad, a dar vida a esta comunidad.
Esta exposición es también una manera de reconocer esa trayectoria compartida.
Quizá lo más interesante de estas fotografías sea que no pretenden convertir lo cotidiano en algo extraordinario. Simplemente nos recuerdan que, para quien sabe mirar, lo cotidiano ya puede serlo.
**Maat** *Artistas de la Tierra*
artistasdelatierra.com