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<strong>Este cuadro de Humberto es como un vestigio apocalíptico religioso de lo medieval. Mejor dicho, es una recreación esquematizada de aquellas escenografías donde la cruz, el bien y el mal monopolizaban las preocupaciones intelectuales de la época.<br /><br />No hay merma ni pérdida de su estilo y originalidad, hay simplemente un trabajo que representa a través de las imágenes un simbolismo; para ser más precisos, nos retrotrae a un mensaje simbólico procedente del origen del Cristianismo pero que continúa presente.<br /><br />La configuración plástica de la que hace gala -verticalidad y alargamiento de cuerpos, estructuración de tríptico- no los transmite con toda la fuerza, no nos ahorra extravío en la visión que nos inunda y hace que nuestra mirada saque todo el provecho de una representación que es la alegoría de un particular vía crucis.<br /><br />No obstante, al ser una obra cargada de matices y significación, también postula con la forma y el color el signo de un misterio que no se concibe sino estando en contacto visual con su materialización, con el degüello de esos cuerpos primigenios que siguen siendo nuestro propio retrato. <br /><br />En conclusión, lo mejor es que cada espectador entable díalogo con ella y saque sus propias consecuencias y enriquezca sus personales acervos. <br /><br /> </strong>
<strong>Ésta es la obra de un artista inquieto, que no se ha decantado todavía, que está en plena búsqueda, pero con capacidades y habilidades técnicas e intelectuales para dar a su trabajo una impronta muy vital y seductora.<br /><br />Este cuadro, fruto de una ensoñación con cierta reminiscencia oriental, es el resultado del encuentro con una vena lírica, de una poesía fraguada en la ligera, incorpórea esencia del color y de la luz.<br /><br />No hay rupturas ni falsas teorizaciones sino el seguimiento de un estilo, de una concepción basa en el plasticismo de lo que tenue y mágicamente se inscribe en el plano y de la que emana sensualidad y fantasía. No engaña con pretendidas ontologías de la materia sino que pide el gozo de la visión, y no es poco.<br /><br />El color, su cadencia, su gama y topografía, tiene vida y sentido por sí mismo, y en eso creo que ha consistido la intención del pintor, en aras a establecer una atmósfera de intimidad y emoción interna.<br /><br />En definitiva, ensueño de la inteligencia y la sensibilidad al encuentro de una introspección, cuya expresividad está en relación con la carga emocional del artista. </strong>
Hola Eca.Muy bien tu composición.Podría tratarse del fin de una civilisación o quizas del fin del mundo al final de los tiempos cuando la especie humana se haya autodestruido ya y que la naturaleza triunfadora empiece la regeneración de este bello planeta nuestro.Imagen bien realizada de fondo triste pero llena de esperanza.Salut i color ¡¡¡
Se oxida el alma, a su paso por esta certera indigencia.
<br>Pronto nos veremos eclipsados por las lacras y los sedimentos.
<br>Sed. decían
<br>Sed, gritaban
<br>Pero solo necesitábamos silencio.
<br>
<br>¡Qué bello este beso, estas resinas que resbalan y ahondan en la pureza de lo corrupto,de lo oxidado!, tan solo tenemos que mirar con esa particular mirada que Pons Tello utiliza; bañarnos en ella con la soltura de un Centauro y la arrogancia de un Dios.Felicidades por esta magia de obra.
A vosotros, los que camináis descalzos y arrogantes.
<br>A vosotros, los que gimen con su mirada necia.
<br>A vosotros, a los que os descansa la garganta sobre acequias, por tanta podredumbre de palabras.
<br>A vosotros os digo que aire soy en la palabra.
<br>Que pronto nadaré en su exilio.
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<br>Muy bella y desbordante obra, dentro de un mundo tan complejo y en el que queda tanto por decir. Felicidades.
artistasdelatierra.com