Tras los bastidores encotramos la sacristia, el pastor nos acoseja caminar por los caminos del bien y nunca desviarnos por el mal. Esta obra de Blanco, lleva inserta una fecunda meditación simbólico-plastica de la hipocresia religiosa. Carlos Blanco paulatinamente ha ido descubriendo que el arte es simple plasticidad al margen de cualquier tema anecdótico y que el valor simbólico que pueda tener está en función del propio espectador.Esta série,ya sabes que es una joya.Enhorabuena,un abrazo.
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