Goyo - 2006-11-17 00:00:00
Este lienzo, de gran calidad formal, es una recreación de la pintura holandesa, diríamos que un homenaje a la misma y al pintor que le da título.
Pero lo sobresaliente es el vacío que rodea el rostro y la paloma encima del mismo que ocupan el eje central. Ese vacío oscuro, apagado, permite una concentración sobre lo lleno, lo realza, le proporciona la intensidad que requiere y al mismo tiempo concede descanso y una serenidad y actitud más contemplativas.
Este hábito se remonta al arte medieval y revestía una dimensión metafísica. Pero también expresa la soledad humana.
Por otro lado, en algunas obras, las zonas de vacío o casi vacío revisten tanta importancia como en las que abundan los motivos.
Esta obra ilustra perfectamente este tratamiento de la compesición y además encaja maravillosamente con la recreación que se pretende.