Me resulta difícil seleccionar una obra en la propuesta del artista español, Enrique Robledo, inicialmente selecciono la titulada "Copia" cuyo nombre original es "Mujer que se lava en una tina" fechada en 1883 por Edgar Degas, actualmente la obra está en el Museo del Louvre, existe otra copia en el museo de Orsay de Paris, fechada en 1886, sin lugar a duda uno de los máximos representantes del Impresionismo.
Con relación a la obra de Enrique, diré que la considero como un excelente trabajo en cuanto a composición plástica y ejecución de copia casi fiel, el contraste cromático muy bien logrado, aunque viendo el original de Degas acostumbraba trabajar con pastel y las tonalidades con menor intensidad.
Pienso que solo el hecho de copiar los grandes maestros de la pintura es un éxito personal ya que constituye el imán de inspiración en una determinada obra y un reto que no tiene parangón. Enrique, demuestra su talento en ésta obra ya que le da un sello personal reproduciendo la obra en la técnica de óleo, yo se la consideraría como muy original.
Volviendo a la obra como tal en el y contrastándola con la original he de referirme al primer plano: La mujer, exquisita representación anatómica y perspectiva. Inclinación muy equilibrada.
En cuanto al segundo plano los detalles de la obra tales como: la tina, con la profundidad perfecta, el juego de luces bien entonado, la jarra de bronce y la de porcelana muy bien trabajada el paño los cepillos y los ganchos de cabello, la toalla roja, logrados con mucha destreza y habilidad. Felicidades por tu obra.
Manifiesto fundacional · 2006
Evidentemente la obra plástica mostrada en una pantalla de ordenador pierde la dimensión pero no la idea, por lo tanto si una de las necesidades más primarias del artista es comunicarse, mostremos nuestras ideas al mundo para hacer de nuestro arte un arte más completo, nos reconoceremos, tomaremos la iniciativa una vez mas, quizá una de tantas veces mas. Únete a nosotros.
La exposición
estratos
Las bicicletas de Carlos Salvador parecen haber llegado a ese momento. Algunas descansan contra una pared, otras permanecen entre escombros o se confunden con la vegetación. Ya no importa demasiado si todavía pueden llevarnos a alguna parte. Lo que importa es lo que nos sugieren.
En estas fotografías, la bicicleta deja de ser únicamente un medio de transporte para convertirse en protagonista de una pequeña historia cotidiana. Hay algo de abandono, de memoria y también de una belleza inesperada en esos objetos que el tiempo ha ido incorporando al paisaje.
Carlos observa sin intervenir. Su mirada encuentra composiciones donde aparentemente solo hay cosas olvidadas. Una rueda, un cuadro oxidado, una pared blanca o unas piedras amontonadas bastan para construir imágenes que nos invitan a detenernos.
El contraste entre la geometría de las bicicletas y el desorden de su entorno adquiere, en ocasiones, una dimensión casi escultórica. En otras, es la sencillez de la escena la que nos conmueve.
Carlos Salvador forma parte de Artistas de la Tierra desde hace muchos años. Su presencia constante y su participación activa lo convierten en uno de esos artistas que han contribuido, con sus obras y su continuidad, a dar vida a esta comunidad.
Esta exposición es también una manera de reconocer esa trayectoria compartida.
Quizá lo más interesante de estas fotografías sea que no pretenden convertir lo cotidiano en algo extraordinario. Simplemente nos recuerdan que, para quien sabe mirar, lo cotidiano ya puede serlo.
**Maat** *Artistas de la Tierra*
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