<strong>Estamos frente a un cultivador del bodyart, el arte del cuerpo, esa tendencia de últimos del siglo XX que marca una dirección narcisista a su concepción provocadora de la creación artística.
Los adscritos a esta categoría tampoco lo ocultan pero no dejan de afirmar que es una de sus múltiples propiedades, pues el cuerpo es un abanico, un espectro de muerte, enfermedad, locura, violencia, amor.
Este artista así lo demuestra en sus trabajos, pero más que el impacto visual que desea imponernos y que para ello busca lo negro, lo delirante, la atmósfera propia de un jugete encerrado, lo que quiere a toda costa es una mirada sobre nosotros mismos en ese escenario donde una mínima escenografía trata de confirnanos que el otro también puedo ser yo, que la provocación está en nosotros, que la anhelamos para de alguna forma intentar conocernos.
El cuerpo es el principio que seduce y expresa nuestra única opción de vida y muerte, no podemos reducirlo ni minimizarlo, se le debe seguir no como apoyo ni como función, sino como la senda estética que se erige en su propia naturaleza.
El cuerpo se transforma en un objeto de experimentación, de lucha, hasta de horror. Dicen que en él se encuentra nuestro destino, por eso hay que estigmatizarlo para desenmascararnos, para desnudar miedos, convenciones, mentiras, traiciones.
Esta obra parece querer navegar por esas aguas turbulentas. </strong>
Manifiesto fundacional · 2006
Evidentemente la obra plástica mostrada en una pantalla de ordenador pierde la dimensión pero no la idea, por lo tanto si una de las necesidades más primarias del artista es comunicarse, mostremos nuestras ideas al mundo para hacer de nuestro arte un arte más completo, nos reconoceremos, tomaremos la iniciativa una vez mas, quizá una de tantas veces mas. Únete a nosotros.
La exposición
estratos
Las bicicletas de Carlos Salvador parecen haber llegado a ese momento. Algunas descansan contra una pared, otras permanecen entre escombros o se confunden con la vegetación. Ya no importa demasiado si todavía pueden llevarnos a alguna parte. Lo que importa es lo que nos sugieren.
En estas fotografías, la bicicleta deja de ser únicamente un medio de transporte para convertirse en protagonista de una pequeña historia cotidiana. Hay algo de abandono, de memoria y también de una belleza inesperada en esos objetos que el tiempo ha ido incorporando al paisaje.
Carlos observa sin intervenir. Su mirada encuentra composiciones donde aparentemente solo hay cosas olvidadas. Una rueda, un cuadro oxidado, una pared blanca o unas piedras amontonadas bastan para construir imágenes que nos invitan a detenernos.
El contraste entre la geometría de las bicicletas y el desorden de su entorno adquiere, en ocasiones, una dimensión casi escultórica. En otras, es la sencillez de la escena la que nos conmueve.
Carlos Salvador forma parte de Artistas de la Tierra desde hace muchos años. Su presencia constante y su participación activa lo convierten en uno de esos artistas que han contribuido, con sus obras y su continuidad, a dar vida a esta comunidad.
Esta exposición es también una manera de reconocer esa trayectoria compartida.
Quizá lo más interesante de estas fotografías sea que no pretenden convertir lo cotidiano en algo extraordinario. Simplemente nos recuerdan que, para quien sabe mirar, lo cotidiano ya puede serlo.
**Maat** *Artistas de la Tierra*
Comentarios y críticas
Estos laberintos sutiles, trabajados para ofrecer el clima de desconcierto, de inquietud y a la vez de calma, hasta vislumbrar entre el velo y el agua, y la lava y la selva (la obra es lo que uno quiere ver), unos pequeños duendes que danzan y "sostienen". Maravillosa tu obra, tiene mucha sensibilidad. Tal vez éste sea el camino...
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