javier alberka
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Usuario: ALBERKA
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En el fenómeno llamado arte deben concurrir tres elementos: artista, obra de arte y contemplador, la presencia de los tres es indispensable para que se verifique el fenómeno artístico. El artista es el creador, el que impulsado por la inspiración da a sus sentimientos forma material en una obra de arte. La obra de arte, valga la redundancia, es la creación artística, lógicamente la materialización de los sentimientos del artista. El contemplador es el que se acerca a la obra de arte para admirarla y recrearse en ella. Las bellas artes son el recinto del tiempo que el artista hizo suspender, porque el contemplador, el hombre de hoy y el mañana podrán ser testigos del momento vivido por el artista, quien pudo precederles por los siglos, aun por milenios. Así es como han sobrevivido al tiempo el Laocoonte, símbolo de la angustia; el Moisés, de Buonarroti; este último al invocar la Creación del mundo y el Juicio final en la Capilla Sixtina, aprisionó los extremos del tiempo. Alberka es el hombre que ante la sublimidad de la naturaleza y a través de su facultad creadora la materializa siguiendo su ideal, proyectando su espíritu; crea la obra volcando en ella su sentimiento, su emoción y desde luego su sello individual característico. Es el hombre que animado por el soplo divino crea en un estado de ensoñación artística que lo desliga de la realidad. Alberka es necesariamente un amante de la belleza, ya que en el arte lo bello es querido y producido intencionalmente; es un soñador y un creador, realiza en su obra un esfuerzo por crear belleza, y aun en el caso de que no llegue a realizar su propósito, de que no llegue a alcanzar el fin a que aspira, su propósito es siempre crear la belleza, aspira a crearla, ocurriendo lo mismo con los demás valores estéticos. Alberka es un soñador, pero no sueño sólo para sí mismo, sueña para otros, su ensueño se hace material para la humanidad, es creador, porque al realizar la obra de arte hace tangibles los valores estéticos, eternizando en la misma el aspecto fugitivo del mundo, plasmando incluso su angustia para la posteridad. Alberka es el hombre que convierte un yermo en un vergel, es todo el que transforma sus emociones en expresiones, se distingue de los demás hombres por su facultad estética creadora vertida en la obra de arte. Alberka es un ser excepcional que abandona el mundo exterior, vive en una perenne ensoñación artística, estado de ánimo común a los artistas en que evocan imágenes, se olvidan de todo lo que los rodea y viven fuera de la realidad, en íntimo contacto con su yo interno, hasta el logro de la cristalización de su sueño. Algo acontece al artista cuando se halla creando, el material manejado por su inspiración obra forma, su talento se expresa en un poema, una sinfonía, un óleo, una escultura, etc., en un estado tal de ensoñación, que pierde todo contacto con la realidad. Alberka es con frecuencia incomprendido, muchas veces se rebela contra la tradición y el espíritu de su época, y se opone al medio; especialmente el genio, no pertenece de lleno a su momento, se adelanta a él, es un visionario, un profeta, por algo al poeta se le llama vate, que etimológicamente tiene la misma raíz que vaticinio. Resumir en unos breves párrafos la biografía de alguien como Javier Núñez Alberka, es tarea ímproba. Si lo intento,a pesar de todo,se debe a mi afecto por el amigo,mi admiración por el artista y mi asombro por el proteico personaje que es capaz de fajarse con casi todo.Es pintor,pero también es periodista (independiente como a él le gusta decir y ha demostrado más que sobradamente ), vocaciones ambas sabiamente desarrolladas a lo largo de bastantes años, no obstante su juventud. Javier nació en un esportón, allá por tierras catalanas, en Figueras, en las canículas de agosto del año 1960. Dejemos para otro momento y lugar el cúmulo de casualidades que llevan a este tarifeño/Algecireño a ver la luz en la patria chica de Dalí ] . Sí conviene conocer que su padre era un hombre ligado al mundo de los toros, lo cual supuso para nuestro pintor un contacto directo con ese universo,desde su nacimiento mismo. Su ajetreada niñez y adolescencia estuvo siempre mediatizada por la profesión del progenitor. Ello le llevará de un extremo a otro de la piel de toro. Por fín, unos años de relativa tranquilidad en Madrid, ciudad en la cual Javier estudiará Bachillerato .Y será allí donde eclosione su otra vocación: la periodística. Trabaja durante bastantes años con Mariví Romero Onda Cero Radio en programas nacionales dejará constancia de su talante de periodista independiente. ¿Y la pintura?.Aquí tiene mucho que decir su tía Manolita Alberka, afamada y laureada pintora manchega quien se convierte en maestra de pinceles del jovencísimo Javier.Cuando hablamos de esa época, me suele decir: - Todo cuanto sé, se lo debo a ella.En efecto, será ella quien le instruya en todas las técnicas pictóricas: el dominio de los efectos,la iluminación apropiada a cada escena, la mezcla de colores, la perspectiva, la armonía, el equilibrio figurativo, los contrastes de planos y un largo etcétera. Javier Núñez Alberka presenta en esta exposición una crónica cromática extraordinaria.Su ojo se fija no tanto en detalles concretos como en globales escenas de combate que reflejan el dramatismo de las situaciones y que desgranan en sucesivos momentos todo el ceremonial de la Fiesta Nacional. Se tiene la impresión, a lo largo del recorrido, que el artista se sitúa en elevado observatorio y desde allí nos transmite los instantes cumbres de la lucha a muerte entre el hombre y el toro.Voluntariamente evita la prolijidad, y a pesar de ello sus pinturas rebosan de sugestivo realismo.Los cuerpos del hombre y el toro se agitan de forma violenta hasta producir en el espectador la impresión de vitalidad exuberante que anima a los dos contendientes. Sentimos el esfuerzo titánico de ambos antagonistas en el palenque circular, y la paleta, con estudiado juego de contrastes dicroicos, provoca una viva impresión de fuerza y dinamismo en las figuras. Toreros,banderilleros,picadores y rejoneadores se plasman en las decenas de cuadros de la presente exposición. Sucesión de imágenes que Javier Núñez va conformando en sus pinturas. Escenas que conservan la frescura y todos los matices de algo vivido con intensidad desde su primer despertar. Se equivoca quien busque en él al pintor academicista, de cánones racionales e inexpresivos, de pintura de taller o de escenas bucólicas, en una palabra, de un mundo ficticio y artificial. Antes bien, su poderosa sensibilidad idealiza,glorifica y cristaliza la quintaesencia de la belleza ritual de esta tragedia. Ahí radica su originalidad. No pinta toros de campanilla,sobreros ,mansos o del aguardiente,degradación de la noble casta del animal totémico. Son los toros de muerte los protagonistas. Aún para los desenamorados de esta ceremonia, - incapaces por lo mismo de sumergirse en el esoterismo de lo sagrado- estos cuadros nos embargan estéticamente por la belleza que rezuman. El picador hundiendo la pica en la cruz de su noble y bravo contendiente; la belleza y elegancia del banderillero,vestido de grana y blanco,en el instante de poner un par de banderillas rojas y gualdas,al tiempo que hurta su cuerpo a la embestida fatal; o esa escena de rejoneo,donde el albero de la plaza se difumina y jinete,caballo y toro alcanzan tonos de mágica irrealidad. Escenas todas de un protagonismo compartido y cuyo desenlace se intuye. Quiebros,reboleras,capotazos,verónicas y muletazos se presentan a nuestra retina como fotogramas de una película que exalta la conducta heroica de un tipo de hombre marcado por la compulsión trágica del destino y la asunción del sufrimiento.Frente al innominado minotauro moderno, el torero, vestido de luces para oficiar. Javier Núñez Alberka sigue la tradición que inspirara a un Goya,a un Zuloaga,a un Vázquez Díaz, a un Picasso y a tantos y tantos grandes pintores españoles,con la salvedad de que ninguno de ellos dedicó tan gran número de cuadros al tema tauromáquico como pueden admirarse en esta exposición. Su contemplación nos trae a la memoria poemas de Lorca,Alberti o Cossío inspiradas en el toro, o argumentos de novelas leidas en nuestra recién estrenada juventud.¿Cómo olvidar “Sangre y Arena” de Blasco Ibáñez , “Fiesta” de Hemingwai, o “Llevarás luto por mí” de D.Lapièrre ?. Hoy que necesitamos ubicar personas y cosas para nuestra comodidad de coleccionistas, ¿dónde situar a Javier?. ¿ Miembro de la cofradía de los Expresionistas? ¿Fauvista? ¿Impresionista?. ¿Ecléctico? Sus pinturas no reflejan, sin más, una realidad exterior, meras copias , más bien son proyecciones del pintor, en tanto que sujeto,sobre el objeto; transmiten vivencias, idealizan personajes, huyen de las imágenes de espejo. En vano esperemos una reproducción detallista de toreros,toros y caballos, sólo encontraremos la expresión de una emoción intensa (lo que no es poco). En casi todos sus pinturas se suprimen las sombras y se substituyen por colores cálidos,puros,que evocan a viejos fauvistas. Restringe voluntariamente la gama de colores, a pesar de ser fiesta polícroma,con predominio de los rojos,la sangre, y el negro, el luto, sublime síntesis de la lucha hombre/toro.Por eso se me antoja difícil catalogarlo.Tal vez sea, también en esto, independiente. Se ha dicho que el tercer protagonista en esta ceremonia sangrienta es el público,la “afición”.Paradójicamente, éste no aparece nunca,salvo la excepción del cuadro que lleva por título:”Picador derribado”.A Javier, buen conocedor de la Fiesta, no le interesa; parece querer destacar el distanciamiento insalvable entre los verdaderos protagonistas y aquellos otros que son simples espectadores. Sus pinturas recogen momentos distintos de esa ceremonia ritual que alcanza su climax con la muerte de uno de los dos protagonistas.Todo lo demás se desdibuja hasta desaparecer de la retina y de la atención del pintor: arte y fuerza, nada más. Termino estos párrafos de presentación agradeciendo a Javier Núñez que haya claudicado ante las llamadas de la amistad. Enemigo como ha sido siempre de la exposiciones , hemos podido convencerle para que sus trabajos de años salgan de nuevo del estudio y puedan ser contempladas por todos los amantes del arte.Vivamos la fascinación. J.D.LÓPEZ BONILLO







La perfección no es cosa pequeña, pero está hecha de pequeñas cosas. Miguel Ángel Buonarroti

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