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VIOLENCIA Y ENFERMEDAD

08 de Febrero del 2021 a las 19:47:51 0
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VIOLENCIA Y ENFERMEDAD (©)

Autor: Francisco Parrilla Benéitez ( Investigador, Escritor, Pintor geométrico...).

El presente artículo, es una transcripción de capítulo XV de la obra " (©) Orígenes de la Violencia Social y Conyugal" del mismo autor. Su contenido, puede ser copiado y usado (sin fines de lucro) por aquellas personas que lo deseen, siempre que se cite su origen y autor del mismo.



VIOLENCIA Y ENFERMEDAD

El temperamento - Temperamento sanguíneo - Temperamento melancólico - Temperamento colérico - Temperamento flemático – Carácter - La ambición - La gula - El deseo - La ira - La vanidad - El miedo - Dos opciones que podemos elegir en la vida (Violencia o Paz)

Es evidente que, cuando hacemos referencia a la relación de la violencia con la enfermedad, nos referimos a que el desequilibrio en la salud lo padece el que tiene tendencias violentas, sean del tipo que sean.
Con este capítulo, vamos a tratar de mostrar cómo existen determinados estados o comportamientos de violencia asociados, por sus resultados, a desequilibrios de nuestro cuerpo y mente. Esto mismo lo saben muy bien muchos hombres y mujeres de ciencia de nuestro tiempo.

Muchas actitudes violentas suelen ir asociadas a términos como ira, rabia, mala voluntad, odio, cólera, brutalidad, crueldad, etc. Sin embargo, también tienen relación con otras muchas facetas como la ambición, la gula, el amor propio, el egoísmo, los celos, la creencia, el fanatismo, la envidia, la impaciencia, el orgullo, la vanidad, y muchos otros más.
Para entender la relación que tiene esta forma de proceder con la enfermedad, lo primero que tenemos que conocer es el temperamento que nos caracteriza. Después, descubrir la in-fluencia que este temperamento tiene en los humores del cuerpo. Y, finalmente, investigar si nos interesa saber algo de utilidad en la vida, cuáles son los agentes psicológicos que componen y sustentan este tipo de temperamento o carácter personal.

Ahora analizaremos, de manera breve, cada una de estas tres partes mencionadas para entender mejor la idea que tratamos de transmitir con este capítulo.
El temperamento, según el Diccionario de la Real Academia Española.
(Del lat. temperamentum).
m. Carácter, manera de ser o de reaccionar de las personas.
m. Manera de ser de las personas tenaces e impulsivas en sus reacciones.
m. Vocación, aptitud particular para un oficio o arte.
m. Arbitrio para terminar las contiendas o para obviar dificultades.
m. Biol. Constitución particular de cada individuo, que resulta del predominio fisiológico de un sistema orgánico.

Temperamento (psicología) Modo de ser que predomina en una persona.
Reconocidos médicos antiguos como Hipócrates y Galeno distinguían, en los humanos, cuatro tipos de temperamentos diferentes, considerados como manifestación psíquica de los cuatro humores del cuerpo: 1) sanguíneo, de estado de ánimo mudable e inconstante; 2) melancólico, apasionado, hipocondríaco, con tendencia al mal humor y a la tristeza; 3) colérico, de fuerte voluntad e irritable; y 4) flemático, lento, indiferente apático.

Estos cuatro tipos de temperamentos se relacionarían con los cuatro humores del cuerpo de la siguiente manera:

Temperamento sanguíneo: corresponde al predominio de la sangre. Físicamente son individuos de estatura inferior a la media, buena musculatura, figura proporcionada. En sus manifestaciones de carácter presenta tendencia a la irreflexión, es sociable, poco tenaz y persistente.

Temperamento melancólico: predomina en él lo que Hipócrates llamaba la «bilis negra», se conoce también como tipo nervioso. Físicamente es delgado, de estatura normal o superior a la media, con tendencia a la palidez.

Temperamento colérico: predomina en su organismo la «bilis amarilla». De estatura normal o superior a la media; la piel presenta un tono amarillento.

Temperamento flemático: físicamente tienen tendencia a la obesidad, aunque pueden existir tipos delgados.
Carácter (psicología): conjunto de reacciones y hábitos de comportamiento que se han adquirido durante la vida y que dan especificidad al modo de ser individual.

Como podemos ver, el temperamento o carácter se relaciona, de modo principal, con la forma o la manera de ser de una persona. Por lo tanto, para saber cuál es nuestro temperamento, podemos observar, en nosotros, algunas facetas como las siguientes:

• De qué forma nos tomamos las cosas que nos agradan o nos gustan. Cuál es nuestra manera de reaccionar.
• De qué modo nos tomamos las cosas que no nos agradan ni nos gustan. Cómo reaccionamos de modo físico, qué pensamos, y qué sentimos a nivel emocional.
• Cómo reaccionamos ante una mala noticia.
• Cómo reaccionamos ante una buena noticia.
• Cómo reaccionamos ante un problema.
• Solemos gritar o hablar con voz alta.
• Somos optimistas o derrotistas ante las situaciones de la vida.
• De qué manera nos dirigimos a nuestra pareja, a nuestros padres o a nuestros hijos. Cómo es nuestro comportamiento con ellos, sobre todo la manera de hablar.
• Solemos interrumpir de manera habitual a los demás cuando hablan.
• Solemos ser impacientes ante la espera de algo. Ya sea la cola del cine, las deseadas vacaciones, que se nos atienda en un comercio, llegar al destino deseado, etc.



Lo que tratamos de mostrar o indicar con los puntos anteriores, no es otra cosa que poner atención a cómo pensamos, sentimos y actuamos habitualmente en la vida diaria. Esto nos llevará a saber, en cierto nivel, cuál es nuestro temperamento o forma de ser. Una vez descubierto esto, podemos llegar a descubrir muchas cosas, hasta ahora desconocidas para nosotros.
A la formación y desarrollo del temperamento o carácter va asociado el tipo de personalidad que tengamos. Y esta última se forma con la calidad de la educación, en la escuela, el hogar y en la calle. Pero sobre todo con el ejemplo que desde pequeños vemos en los demás.
Una vez que tenemos el conocimiento del tipo de temperamento que predomina en nosotros pasaremos a observar cuáles son las bases de este. Es claro que la forma de ser o temperamento de una persona está sustentado o apoyado en ciertos elementos psicológicos. Estos pueden ser de diversos tipos.

Veamos si forman parte del mismo alguno de los siguientes:
• La ambición
• El amor propio
• El adulterio
• El apego
• Los celos
• La calumnia
• La crítica
• La codicia
• La creencia
• El derrotismo
• El deseo
• La envidia
• El egoísmo
• El fanatismo
• La frustración
• La falsedad
• La falta de comunicación
• La gula
• La impaciencia
• La ira
• La lujuria
• La mala voluntad
• La mentira
• El miedo
• El odio
• El orgullo
• El pensamiento dictatorial
• La pereza
• El pesimismo
• El rencor
• La represión
• Los resentimientos
• La vanidad
• Etc.



Si hemos conseguido saber cuál es nuestro temperamento, los estados interiores (cómo pensamos, cómo sentimos y cómo actuamos) por los que pasamos con el mismo, y las bases psicológicas más visibles que predominan en nosotros, estaremos preparados para entender mejor qué tipo de desequilibrios físicos y psíquicos nos pueden sobrevenir si no hay un cambio para mejor en dicho temperamento.
Ahora veamos una serie de enfermedades y desequilibrios en la salud, física o psíquica, asociados a formas de conducta, sobre todo de naturaleza violenta o agresiva.
No olvidemos, como ya indicamos en el capítulo tres, que la violencia se expresa de muchas formas.

La ambición. Esta es la causa por la que muchos deportistas de alto nivel violentan o fuerzan su cuerpo. En unos casos, con esfuerzos antinaturales. En otros, con sustancias llamadas prohibidas. Y, en algunos, con las dos formas de forzar o violentar la máquina orgánica. Después vemos, sobre todo, en las olimpiadas, escenas terribles cuando se ve a participantes des-mayarse o llegar al final de una carrera en un estado casi fuera de sí.
De igual modo, cuando se abusa del estudio, forzando nuestro cerebro más de lo normal, es habitual sufrir como un mal menor dolores de cabeza. En otros casos la consecuencia puede dejar secuelas de cierto desequilibrio. Esto les ha sucedido, en algunos casos, a jóvenes estudiantes. Esto puede ser por ambición o no, pero lo que sí es cierto es que forzar a cualquier parte de nuestro organismo, más allá de un equilibrio, es violentarlo.

La gula. Por gula podemos violentar nuestro cuerpo con excesos que pueden derivar en una enfermedad. Unas veces podrá ser por el abuso e ingestión de sustancias líquidas, y otras por comidas demasiado excesivas en grasas, u otros componentes, que hagan que nuestro cuerpo, empezando por una digestión pesada, acumule elementos nocivos que a corto o largo plazo provoquen un desequilibrio orgánico. Es sabido por muchos que en las famosas fiestas de Navidad se cometen excesos de este tipo, llegando algunos a producir la muerte de la persona.

El deseo. Las causas que hacen surgir el deseo sin control, hacen que este provoque muchos estados de ansiedad, impaciencia, dolores de estómago, etc. Por lo tanto es una forma de violencia contra la salud. Esto último lo sabe muy bien nuestro sistema defensivo o inmunológico.
En este sentido, la ansiedad, que la denomino como el deseo desbordado de que suceda algo, o pase cuanto antes. Parece ser que esta influye en que seamos propensos en contraer enfermedades infecciosas, tales como resfríos, gripes y herpes. Estamos expuestos de modo constante a esos virus, pero lo usual es que nuestro sistema inmunológico los combata; sin embargo, con la ansiedad esas defensas fallan.

La ira. Esta es una emoción y una actitud negativa que influye en la salud, fundamentalmente generando problemas en el corazón.
Estudios realizados en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford han descubierto el impacto que la ira tiene en la función cardíaca: en pacientes que habían sufrido al menos un ataque cardíaco, cuando se sentían furiosos e incluso cuando recordaban esos episodios, se producía una disminución de la eficacia de bombeo de su corazón, la cual no se observó con otros sentimientos perturbadores como la ansiedad. (Goleman, 1996).
Cuando en nuestro temperamento o carácter está presente, de modo habitual, la ira, a eso lo solemos llamar temperamento fuerte, o agresivo, si es muy insistente. Y si encima somos fu-madores y de los que tomamos unas copitas, estamos creando los ingredientes adecuados para que cualquier día nos sorprenda nuestro corazón con un mal funcionamiento.
Es evidente que la ira, si esta forma parte de nuestro temperamento, puede afectar de manera negativa al corazón. Pero, sobre todo, si además va asociada a elementos como el deseo, el orgullo, la ambición, el amor propio, la frustración, etc.
En los más de treinta años que llevo estudiando el comportamiento humano en las personas y, sobre todo, en mí mismo, vengo comprobando que la ira es una actitud psicológica que sale como defensa o adquisición de algo. Por ejemplo, para obtener, por ambición o codicia. Para defender, por considerar amenazado lo nuestro, lo mío, por amor propio, orgullo, vanidad, etc. Y siempre que sale este elemento psicológico es porque no sabemos reaccionar sin fuerza o sin violencia para defender u obtener algo. Con esto, solo queremos puntualizar que el estado violento que caracteriza a la ira se manifestará, más o menos en nosotros, dependiendo de si forma parte o no de nuestro temperamento. Y de esto depende el nivel en que nos pueda afectar en la salud.
En la actualidad existe un nuevo campo de investigación, al que se le llama psiconeuroinmunología (PNI). Esta nueva forma de estudio se encarga de investigar las interrelaciones mente-cuerpo. Entre los procesos psíquicos, el Sistema Nervioso (SN), el Sistema Inmune (SI) y el Sistema Endocrino (SE) del cuerpo humano. Trabaja desde una perspectiva interdisciplinar que aglutina diversas especialidades: psicología, psiquiatría, medicina del comportamiento, neurociencia, fisiología, farmacología, biología molecular, enfermedades infecciosas, endocrinología, inmunología, y reumatología.
El conocimiento de la relación entre estados psicológicos y desequilibrios en la salud no es nuevo, más bien es muy antiguo. Recordemos, por poner un solo ejemplo, aquella cita bíblica que se atribuye a Jesús el Cristo, cuando dice: «… lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias».
Esto viene a demostrar que, dependiendo de cómo sean nuestros estados psicológicos (comportamiento mental, emocional y físico), nuestro temperamento, en definitiva, así nos podrá afectar más o menos en la salud. En este sentido tiene mucha importancia el tipo de forma de ser que nos caracterice.

La vanidad. Cualquiera puede pensar, y es normal en cierto modo, que la vanidad no hace ningún mal, y menos relacionado con la violencia. Sin embargo, conviene recordar que el presente estudio trata sobre los orígenes de la violencia en toda su extensión. Por eso mismo esta se puede manifestar a través de causas que difícilmente podríamos sospechar, porque la expresión de la violencia es, casi siempre, la parte final de un proceso psicológico, es decir, que tenemos que descubrir lo que la origina o hace surgir en nosotros. En esta labor tratamos de colaborar con este trabajo.
Decíamos al principio de este capítulo que cuando hacemos referencia a la relación de la violencia con la enfermedad, nos referíamos a que el desequilibrio en la salud lo padece el que tiene tendencias violentas, sean del tipo que sean. En este caso se trataría del tipo de violencia contra sí mismos. Siendo este tipo de manifestación, en su crudeza, el propio suicidio y, en su sutileza, muchas cosas, entre otras, que consideramos, de modo erróneo, como placeres humanos.
Entonces qué relación puede tener la vanidad con la violencia.
Veamos algunos ejemplos para verlo más claro.
Todos sabemos, porque es un bombardeo constante en la publicidad, que hay muchas personas esclavas de la imagen. Se le da un valor o importancia, a la misma, desproporcionado. También sabemos que este factor de una imagen determinada puede afectar de manera negativa a una persona. Tal es el caso de algunas adolescentes, y otras no tan jóvenes, que llegan a desarrollar el trastorno de la anorexia, causando, en muchos casos, un grave daño a su cuerpo y a su salud.
El significado de la misma es el siguiente: la anorexia —del griego a???e??a (anorexia) siendo a? (an): partícula negativa, y ?????? (óreksis): «apetito»— es un trastorno alimentario, que se caracteriza por la falta anormal de apetito, y que puede deberse a causas fisiológicas (como por ejemplo, una gastroenteritis), que desaparece cuando cesa su causa; o bien a causas psicológicas, por lo general dentro de un cuadro depresivo (por lo general en mujeres y adolescentes), y que puede ser muy grave.
En otros casos este culto a la imagen nos lleva a la tan de moda cirugía estética. Aquí podemos ver cómo, principalmente las mujeres, en algunos casos, tratan a su cuerpo como un «muñeco», al que se le puede poner o quitar lo que se desee en cualquier parte. Después, no es difícil ver, a corto o largo plazo, muchos resultados negativos, no solo en la imagen sino también en la salud. En la imagen, porque, a veces, esta se llega a deformar por tanta manipulación. Y en la salud, debido, a que, desde el primer momento se está desarrollando una conducta de dependencia, que, en ocasiones, puede llegar a la obsesión.

El miedo. Este es otro elemento de estudio muy interesante, porque podemos llegar, como es sabido, incluso, a morir de miedo.
Volvemos a recordar que toda actitud psicológica, en nosotros, que pueda producir daño físico o psicológico es violencia contra uno mismo, seamos conscientes o no de ello.
Aquí tenemos algunos tipos de miedo.
• Miedo a lo desconocido
• Al qué dirán
• A quedar mal
• A decir las cosas de frente
• Al regaño
• A la muerte
• A la enfermedad
• A la soledad
• A quedarnos sin trabajo
• A la pobreza
• Miedo a vivir el presente. Por eso nuestra mente está, casi siempre ausente.
• Etc.

Muchos estados de estrés son la consecuencia del miedo. Este influye de modo negativo, entre otras cosas, en el sistema nervioso y digestivo. Produce desequilibrios gástricos, temblores, sudores, aceleración cardiaca excesiva y descontrol en la retención de la orina y las heces. Por eso mismo, todos hemos escuchado alguna vez frases como: «se cagó de miedo». O «se meó de miedo».
En este sentido podemos afirmar que el miedo crea estados violentos para el organismo, que, si son muy habituales, pueden desembocar en una enfermedad. No olvidemos que nuestro sistema inmunitario sabe, mejor que nosotros, lo que es una agresión para la salud, y lo que no lo es.
En la comunidad científica ya se acepta que las emociones tienen cierta influencia en la salud: se reconoce un vínculo físico entre el sistema nervioso y el inmunológico, que hace que estos sistemas, sobre todo el inmunológico, dependa del nervioso para su correcto funcionamiento. Así, las emociones negativas y el estrés afectan al sistema inmunológico, haciéndolo más vulnerable; y las emociones positivas, el buen humor, el optimismo y la esperanza, junto al apoyo de otros, ayudan a soportar una enfermedad y facilitar su recuperación. Con esto, se estableció la relación mente/cuerpo, que permitió el nacimiento de una nueva disciplina de estudio, la psiconeuroinmunología.
Como no queremos que este capítulo se convierta en un libro, reflexionemos en cómo nos sentimos cuando tenemos estados interiores de envidia, celos, frustración, odio, mala voluntad, ansiedad, etc. Analicemos si esto nos sienta bien o mal. Y concluyamos si esta manera de pensar, sentir o actuar es algo normal, o de daño y violencia para el equilibrio de nuestro organismo, pudiendo aparecer una posible enfermedad o desequilibrio psicológico.
Con los puntos anteriores, hemos querido mostrar, entre otras cosas, varios factores psicológicos que nos llevan a expresar la violencia contra uno mismo. Y que estos estados de violencia, grosera o sutil, influyen de modo negativo en la salud o armonía orgánica.

Dos opciones que podemos elegir en la vida. Para terminar este capítulo mostraremos unos valores y que cada cual opte por aquellos que considere más adecuados para su vida.

1ª. Violencia
• Rabia
• Agresividad
• Cólera
• Malestar
• Daño
• Frustración
• Enfermedad
• Destrucción
• Guerra
• Ira
• Furia
• Odio
• Mala voluntad
• Resentimiento
• Coacción
• Represión
• Venganza
• Injuria
• Etc.

2ª. Paz
• Mansedumbre
• Tranquilidad
• Serenidad
• Armonía
• Bienestar
• Salud
• Buen ánimo
• Buen humor
• Construcción
• Calma
• Apacible
• Sosiego
• Buena voluntad
• Buenos pensamientos
• Buenos sentimientos
• Buenas acciones
• Etc.



La salud es como el mar tranquilo de la serenidad.
Que se agita cuando sentimos el más mínimo pesar.
Y estalla en tormenta con la violencia y la enfermedad.



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