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Crítico

julia m. tello

Madrid_ciudad · España

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Una temática muy compleja la que escoge el artista; perturbadora captura en el marco de su trabajo, su melancolía tiñe una semblanza al personaje desnudo y anónimo dejándonos engullir por su perspectiva de un mundo de laberintos imposibles.

Con técnica pobre y llena de un colorido inaudito nos presenta la representación de sus ideas que nos hace penetrar en un complejo sueño explicito, la sutileza con la que maneja su espátula do es practico y único; demuestra la sensibilidad de su talento al escoger la escena de su trama.

orozco trata de plasmar la persecución a la que esta sometida una persona con la critica o solamente el juicio al que nos somete las miradas de rededor en un escáner de nuestras debilidades por parte de la sociedad tan rigurosa e indolente.

Sus pinturas son la expresión pura de lo sentimental, acoge la poesía de la ironía y el sarcasmo, dejando un espacio de reflexión al espectador.

Saludo a Hermel Orozco por su obra y que nos siga dando ese contexto de la humanidad.
Bragado dispone de los artilugios necesarios par construir de la tierra a su Eva personal, su disponibilidad de creativa hace que fluya una figura del elemento inerte, dejando al pensamiento que se divierta con la especulación de los sentidos; mas cuando su intención es clara pero discreta, deja que su espectador decida lo que su mente le dicta al admirar una obra cuajada a partir de la morfología abstracta y en reposo del ser humano.

Permite mascullar los diferentes caracteres de este ser sólido; manifiesta un volumen arcaico y retorcido que especta un nacimiento, surgiendo de entre el reposo de su terracota.

Probablemente para muchos, se muestra siniestra la representación de aquella silueta anudada en su ser; quizas sea un manifiesto obsceno de la belleza humana, pero está claro que su filosofía debate entre la belleza y lo superfluo.

Agustín es un artista que mira mas allá de una figura estilizada haciendo que surja nuestra imaginación y deja de lado lo prohibido, rebelando la desconexión de los paradigmas.

Felicitaciones.
Al margen de ser un artista latinoamericano afincado en la madre patria, un metropolitano argentino de Buenos Aires y a sabiendas del “orguy-sho” patrio; Walter en su iniciativa creadora toma como objetivo un drama muy íntimo del carácter en la España postguerra de finales de los 30 del siglo pasado, un antecedente que vale el reproche mundial por las secuelas en el pueblo que vivió su drama, enmarca un sublime cuadro; doctrinado en una epopeya del drama histórico-social de un pueblo ajeno a su cuna; entendiéndose que su cúmulo artístico, no sólo se basa en la plástica, sino; en el conocimiento de la historia de la España más trágica. 

El inmigrante descarado que se inmiscuye en las entrañas mas privadas de la tierra que seguramente lo acoge con fortaleza o el anónimo hijo de un país cruelmente torturado por el yugo de un pasado insostenible, refleja en este cuadro un conjunto de elementos que relatan y describen con mucha rebeldía y sin inhibiciones la grandeza de la gente en el enclave personal de no dejar atas sus raíces, su folklore, sus sentimientos y sin ni siquiera repara en lo sucedido, madura a éste ciudadano el empuje que lo trae sin contratiempos a la época actual. 

Su pintura es un relato dramático de la influencia nula que ejerció una dictadura en las raíces propias de la España mas profunda y prohibida , sosteniendo la relevancia que tiene la sangre hispana en las venas de la resistencia al flagelo cruel de la desventura, haciéndonos cuajar un acopio de las costumbres que siempre duraran en la historia y marcara identidad propia en el mundo entero, denotando un singular atractivo de sus raíces entrañables. 

Se desgarra con un rojo sangre incómodo para la representación de la melodía que se toca en la guitarra mas flamenca, haciendo que aquel “tocador” sin pausa tenga el fluir de su más delirante grito de batalla en contra de la lucha que se persigue por acallar su cántico, sus manos se ven manchadas de sangre en la representación, y sin darse cuenta suelta su mas caro compás para que las “bailaoras” sigan su marcha generacional hasta los días en los que prima una España mas apegada en sus costumbres. 

Este cuadro es la viva imagen del sentimiento patrio que empujó con fuerza a una rebeldía sana de la libertad de ser merecedor de la tierra en la que se a firmado con su sangre, la constancia de el “viva España”. 

Felicito a este artista por hacer sentir la fortaleza del espíritu español y su grandeza, su pincelada o espatulado es muy trasgresor de los convencionales medios para expresar tanto en una pintura. 

Surte Walter.

Interpretación elegante de la miseria manifiesta en una realidad que baña por doquier a nuestro mundo moderno, la necesidad en su punto más expresivo al utilizar la inocencia y candor de una niña en harapos, vigilante y concentrada en su cocina rudimentaria preparando pacientemente un plato que representa sus sueños y desventuras, un mundo real y profundamente pensado con su asalto de pura imaginativa, el artista nos disfraza un mundo muy crudo con esta pintura exaltando la quimera, dándonos pudor para divagar con la ilusión de un cuadro bien conjugado, y; manifiesta el pavor de una mezquina sociedad con poéticos elementos haciéndonos mas suave ala vista su contenido; sin apartarnos de la oscura realidad en la que esta envuelta la criatura y su trama.

Su diseño nos traslada a un mundo paralelo y a la vez muy intimo en nuestra aceptada existencia, su realismo al utilizar el pincel, nos encuadra en la misma situación de un mal sueño bien soñado, haciendo que nos adentremos en una realidad muy confusa para el que vive una situación diferente, y mascullando el grito de comunión entre la pobreza y el corazón.

Sus hadas que suavemente fluyen de la ebullición de su desconsuelo, nos recuerdan a la fantasía de un abrazo apegado al sentimiento caritativo y consolador, su epopeya es muy divergente y aclama llorando su suplica silenciada por la costumbre, manteniendo la dramática impresión de su realidad.

Martín la Espina con su pintura nos hace conocer cuanto puede llegar la tolerancia de una situación torturante -para quienes están en desventaja- con el atractivo de una representación tamizada y envuelta en belleza, sosteniendo el gran peso de la demanda de caridad o igualdad, su cuadro me recuerda a la sombra que empaña la grandeza del hombre; por su mezquindad en el campo tecnológico y creativo y su frialdad en su conciente de ser humano.

Felicito al pintor por su pudor en mostrarnos un drama cotidiano en muchos lugares, y si el arte sirve para cambiar algunas cosas en la grandeza del hombre.... mucho más.

El pintor Fernando Rodríguez Rojas demuestra en su obra una vida dedicada al arte, es claro de ver su concepción de la belleza con el colorido que baña sus pinturas, en las mezcladas y transparentes formas de la redacción pictórica de un paisaje cultural intrépido.

Su arte es novedoso, ataviado por la abundancia de elementos cromáticos y formas realistas ideando un conjunto ecuánime y talentoso.

Artista adoctrinado en el relato más puro y limpio de los tópicos que enriquecen lo autóctono de la Colombia mas mestiza, trovador honesto en los cantares plásticos de una jornada limpia bajo el playero sol de una comunidad alimentada por la tradición.

Sus geométricos puzzles, hacen detener la mirada en su obra, y; escudriñar con minuciosidad la geometría que encandila y descubre una trama real, consiguiendo que lo superfluo sea mágico y lo evidente se transforme en una folklórica escenificación de costumbres entrañables para el pintor, logrando ensoñadoramente hacernos llegar las voces de las vendedoras en sus playas.

Su mercadeo costero confluye armónicamente con sus estilizadas bañistas, recreando el esparcimiento de los visitantes que legan el sustento a las Palenqueras, poniendo de manifiesto un conjunto de elementos muy bien equilibrados conquistando la admiración del observador.

Me encanta la composición de esta obra y me hace conocer su perspectiva de lo cotidiano y sus vivencias; enhorabuena a Rodríguez Rojas,  merecidos lauros le adornen.
Prisionero queda el instante en el que el alma llora a grito ahogado, en su jaula desconsolada y solitaria; apesadumbrado río de impotencia y decadencia en sus lagrimas, sostenido dolor acuña sin piedad su voluntad, alma perdida en los lúgubres pantanos del desconsuelo en un cuerpo que no soporta el lastre de su peso.

Orozco manifiesta en una pintura el cuadro descarnado de un tema muy profano para la sensibilidad del espectador, directo estupor en la flagrante intención de no disimular un estado de animo muy conocido por todos, mezquino conjunto poético en la dramaturgia más pura.

Su personaje incoherente en el baile de lo estético, simple, descuidado pero respetuosamente metafórico y muy bien logrado el arquetipo de un semblante triste y desolado; ostenta la creatividad en la seducción a la mirada del corazón caritativo y piadoso que encuentra nobleza en este humanoide fútil. Su desnudez roñosa en colorido recuerda a la pobreza, al abandono, al despojo lánguido de un encierro tortuoso y abrumador.

Congela en un escenario frió el devenir de un enclave emocional, saturando la atmósfera del perfume trágico de la esencia humana, detallando con certeza la derrota mas prohibida, cortejando la valía de estados anímicos que intentamos desarraigar de nuestro fortín quimérico. Solo este personaje puede ver lo que hay mas allá de su esquina protectora, solo él puede buscar su salvación en el entorno de su territorio obstaculizado vehementemente por su abstracción.

Este artista sella su obra con la originalidad, abre la puerta a un mundo en el que no sopesa lo estilizado de las formas ni colores, soluciona el argumento pictórico de manera artesanal sin descuidar el expresionismo moderno, madura el antojo de una pintura bien realizada, destaca la importancia de las artes cuando hoy por hoy se engendran oleos de manera competitiva en un mercado valorado ya no por lo visual sino por lo técnico y comercial, origina un llamado a la compasión, a la nobleza, al despego de razones insustanciales de los tiempos modernos, instaura un denominador común en el espectador haciendo que fluya la reflexión e intercala un suave murmullo de conexión entre la desventura y la belleza.

Su pintura me recuerda a los días grises de lluvia, al fallecimiento de la tenue luz de una vela, al llanto desconsolado de un descalzo niño triste, a la soledad de un Quijote en su mundo de ilusión; desmorona con su pincel el laberinto de mi corazón permitiéndome revivir momentos de mi vida que están ahí presos, sombríos, pero que son parte de mí y siempre lo serán, haciéndome aceptarlos como son.

Felicito a Hermel por su cruzada y le deseo mucha suerte en ella, en mi ha llegado su mensaje...