En la técnica del grabado, el trabajo inicial del artista consiste en la elaboración de una matriz, también denominada plancha, sobre la que se realiza el diseño de la imagen. Una vez preparada y entintada, la matriz permite transferir el diseño, generalmente mediante presión, al soporte definitivo, que en la mayoría de los casos es papel.
Este proceso puede repetirse para obtener diversos ejemplares, siempre de acuerdo con las características y limitaciones propias de cada técnica. El proceso de impresión recibe el nombre de estampación, y la obra resultante se denomina estampa.
Una de las principales particularidades del grabado respecto a otras disciplinas de las artes plásticas es precisamente su multiplicidad. La posibilidad de obtener varias estampas a partir de una misma matriz permite al artista ampliar la difusión de su obra y favorecer su presencia en diferentes espacios y contextos artísticos.
A lo largo de la historia, grandes artistas han encontrado en el grabado un extraordinario medio de expresión. Albrecht Dürer llevó la xilografía y el grabado a una excepcional precisión técnica; Rembrandt convirtió el aguafuerte en un poderoso lenguaje de luces y sombras; Francisco de Goya exploró sus posibilidades narrativas y críticas en series fundamentales como Los Caprichos y Los Desastres de la Guerra; y Gustave Doré, con sus célebres ilustraciones para grandes obras de la literatura universal, alcanzó una extraordinaria difusión y convirtió la imagen grabada en uno de los grandes vehículos visuales de su época.