Para el espíritu, que ama la geometría, lo naturalista es una especie de caos; precisa reentrar en ese mundo para organizarlo según leyes estrictas, dogmáticas, rigurosas (Juan Eduardo Cirlot).<br /><br />Esta obra es un paradigma de ese movimiento de raíz europea y que tuvo en Norteamérica su continuación y desarrollo: la geometría y el color, símbolos de la percepción interior, de un esquema que lo transfigura todo, que tiende a la idea de lo puro, de lo que no necesita de lo exterior para dar cabida y génesis a una creación del espíritu.<br /><br />Ahora bien, este artista no puede ignorar una cosmovisión que formó parte de su andadura vital y estética, motivo por el cual organiza el espacio como la depuración de un paisaje vertical, el de esas cumbres andinas que inician su trazado en su ámbito geográfico.<br /><br />Podríamos decir que es un canto telúrico de fuego y lava, de humo y roca, utilizando intersecciones y segmentaciones que hagan más vibrante su perspectiva, que sedimenten en nuestra mirada el poema de la resurrección de la tierra, lo indomable de la misma y la belleza de su salvajismo.<br /><br />Geometría del color, símbolo también de una soledad marcada por la pasión. <br />
Últimos comentarios
Uno de los aspectos interesantes de la postmodernidad consistía en asumir el ideal romántico de que es posible la comunicación trascendente a través de la simple experiencia estética. Pero toda estética conlleva una ética. El Arte ya no aspira a plasmar la Belleza como fenómeno atemporal, sino como diría Baudelaire “a plasmar lo eterno en el instante”. El título de esta obra deviene revelador. Nada queda, en efecto, porque todo es efímero. La materia del universo (de los infinitos universos grandes y pequeños) es dinámica y se transforma sin cesar igual que el artista varía la obra según el momento emocional, intuitivo o racional. La realidad matérica, lo pretenda el artista o no, aparece como un discurso misterioso, como misteriosos son los relieves del tronco de un árbol, las grietas de una roca o la orografía sedimentada de un terreno fluvial. El artista como la Naturaleza (texturadora suprema) atrapa instantes y los convierte en efímeramente eternos.
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