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Siempre volvemos al mar, mar antiguo, líquido amniótico donde se gestó nuestra civilización. Mar tranquilo o mar furioso, principio y final de todo en azulado tránsito.
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<br>Llegar a buen puerto, amarrar, buscar esa Itaca simbólica, regresar al origen, a casa. Navegar sin desmayo en el eterno viaje de los tiempos. Y aprender de todo lo que nos concede el viaje de la vida.
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