Obra de carácter costumbrista, es esta pieza que nos regala Antoni Lasheras, donde claramente observamos en el plano principal aquella pequeña niña, que a la luz de la vela, y bajo los efectos del agotamiento ocasionado por su esfuerzo a caído rendida sobre sus libros y cuadernos, haciendo lo posible por salir avante.
Todo parece dictar por la composición del cuadro, y a la luminosidad que se le confiere a la imagen, se trata de una pequeña que carece de algunos lujos, y la cual no quiere desilusionar a sus padres haciendo lo máximo por enorgullecerles.
El lápiz que se encuentra casi al borde derecho de la mesa, genera un equilibrio de espacio muy poco evidente, pero que sin embargo trae la armonía al cuadro, que carga casi todo el peso visual hacia la izquierda donde se ubica la niña, con su material escolar. La calidez del rostro y el color del suéter contribuyen mucho a llevar la mirada hacia la figura central del tema, el cual tiene todo el impacto que merece la temática, propuesta por Lasheras.
Obra de carácter abstracto, con un rico manejo de texturas táctiles como visuales. Este s/t de Benavente, quedaría limitado si realmente la autora, hubiera puesto un titulo para tratar de definir la pieza. La autosuficiencia de la obra en su interioridad no es más que la latente prueba de las capacidades creadoras y discursivas.
Esos azules un tanto eléctricos, que conviven directamente con la oscuridad del fondo y de ciertas zonas que parecieran arbustos de un bosque a media noche, otorgan ese carácter poético a la pintura de la argentina, como si algún espectro poseyera la atmosfera del cuadro y nos hiciera captarlo mediante de los filtros de la artista, que generosamente nos comparte el instante, bien capturado por su intuición.
Las luces que encontramos acentúan de gran manera esa barrera que compensa la penumbra y la claridad de nuestros movimientos, cual pardos gatos, que caminan y encuentran a su paso un halo luminoso que indica el camino a seguir.
“23”
Víctor Acosta, desde Perú, nos regala esta pieza magistral, con un titulo tan abstracto como sugerente, o dicho en términos de Umberto Eco (obra abierta), ya que la pieza discursa de una manera tan compleja, debido a los entramados compuestos por las figuras superpuestas entre si, que llevan nuestra vista a perderse entre aquella madeja, que sugiere un poder tecnócrata, de maquinas; de gran ciudad; de sociedad vertiginosa postmoderna, que se pierde en un ritmo de vida instantáneo.
Podemos contemplar figuras que sugieren engranes de maquinas, y algunas siluetas de personajes mitad esqueleto mitad cyborg o algo cercano a un robot, debido a la conversión artificial del hombre de hoy día.
Tal vez el titulo sea una predicción futurista, a lo que podría pasar en un par de siglos mas (siglo 23), lo cual ninguno de nosotros podrá comprobar, al menos que seamos resguardados en sistema criogénico, pero que gracias a la obra de Acosta, quedara al menos un antecedente de esa visión, que solo podrán comprobar nuestros sucesores.
Esta obra del artista Batles, nos incita a percatarnos de una fuerza que contiene en si toda la obra del artista, que antecede a esta pieza; de carácter simbólico pero expresionista, tiene como principal elemento icónico una mano en posición de puño asiéndose de un acuerda maltrecha, generando en nosotros, una situación de tensión, debido a la fuerza de su expresividad, haciéndonos reflexionar de inmediato la situación general de la sociedad que se encuentra en un periodo critico y determinante.
Los colores al fondo, no son otra cosa mas que esa carga de rabia mezclada con impotencia, que muchos sentimos al no poder resolver una situación determinada; es obviamente una obra de carácter social, bien manejada en un claro acento frontal y simétrico, que la mano nos entrega visualmente, contrastando con los colores de fondo que van de manera ascendente de los cálidos rojos, a los siniestros ocres, que generan la conjunción perfecta, para un impacto visual concreto, que nos embebe en esa constante reflexión del que pasara mañana.
Pieza de corte realista con tintes de postimpresionismo, en cuanto al manejo cromático de las figuras que componen el cuadro; la mancha amplia se deja ver con sutileza ejecutada sobre el lienzo, ocasionando en nuestra mente una leve reminiscencia a Seurat al contemplar la obra, que nos provoca un carácter connotativo, como es el acto de la introspección, que como bien propone Horacio Santamaría, no tiene fronteras ni limites tajantes que estorben a ese conocimiento generalmente empírico, que es el autoconocimiento, tanto de nuestro cuerpo, como de nuestra mente y que habitualmente se manifiesta ante nosotros bajo la apariencia de los espectros de nuestros recuerdos.
Toda clase de experiencias son las que se relatan en esta obra, en cuerpos entrelazados, una figura joven masculina aparece en la parte izquierda del cuadro en actitud reflexiva cubriendo su sexo; rodeando a esta, se encuentran varias figuras femeninas en posiciones de disfrute sexual. Bastante placentera es su actitud, que contrasta con dos elementos que aparecen en las esquinas tanto derecha como izquierda. Del lado, hacia la otra orilla, donde se encuentra otra mano que ofrece un libro, que tal vez simbolice la experiencia y el conocimiento, que implica tener una vida sexual sana, como la fruta que hizo pecar a Adán y Eva; esa rozagante manzana, llena de tentación , que aquí oculta el rostro de una de esas mujeres, que para cualquier hombre simbolizan lo mismo que simbolizo aquella manzana bíblica, la tentación y el pecado, con rostro infame de calidez y dulzura.
”PUDOR”
Título de entrada sugerente que muestra una reflexión sobre un estado anímico, simbolizado por una mujer que nos recibe en un primer plano, cubriéndose el rostro con sus brazos, tratando de impedirnos observar su identidad, pero al mismo tiempo nos hace pensar el porque su cuerpo aparece exhibido sin ningún tapujo. Sus senos rozagantes nos incitan al pecado y bajo ese manto de color rojizo, llegamos a entrever su sexo, que pareciera atormentarle mostrar libremente.
La perfección de su cuerpo, nos es más que el indicio adecuado para demostrarnos esta actitud, de rezago, como si quisiera prohibirnos entrar a su vida; obviamente los ojos son el espejo del alma, como el mismo Da vinci, alguna vez lo comentara, pero que se ve mermado por la actitud de sus brazos.
Los colores al fondo, simulando un cielo centellante apoyan con precisión la figura principal de la obra, dándole el sentido escénico necesario para sentir la presencia de esta tortuosa situación introspectiva que Milton Bernal, maneja con gran destreza en esta pieza, y en varias mas de sus obras, que aportan un gran sentido de sinceridad a su estilo simbolista.
ALEJANDRO GONZALEZ
Improvisación numero 4, es el titulo de esta obra grafica de este artista argentino, que a manera de geometría, compone sus imágenes en perfecto encuadre, recordándonos a aquellos grandes geómetras, como Malevich o, Kandinsky; quien es referente ineludible, desde la manera de titular la pieza. El manejo de la acromia es verdaderamente pulcro.
Un marcado contraste formal entre el primer plano marcado por dos bloques rectangulares, hacen perfecto contrapeso con la figura circular ubicada en la parte inferior del eje izquierdo, al ras del limite de la pieza, al centro encontramos una figura cuadrangular con una marcada inclinación que nos refiere mas bien a una figura romboidal, el tono de gris claro que cae desde la parte superior de la pieza, se desplaza ligeramente hasta el centro del rombo, para generar un ligereo acento de luz a la obra, que esta organizada en contrastes diagonales de claros y oscuros muy bien intencionados por González, para enriquecer los valores tonales a la pieza. Prueba de ello son los grises ligeros, que tocan los bordes del papel de este grabado geómetra de gran calidad, rompiendo el paradigma del encuadre rígido y forzoso que la mayoría de los grabadores de hoy en día, utilizan en sus composiciones actualmente, dándole un gran punto a favor al autor de “improvisación núm. 4”, del cual estaremos a la espera de nuevos trabajos que contengan esa gran calidad como la que nos ofrece en esta ocasión.
Obra de simple contenido aparente, pero de un alto contenido posiblemente vivencial; una silla que tal vez se convierte en la compañera del artista en su estudio, como aquella celebre silla del cuadro de Van Gogh, “mi cuarto”, es la primera referencia que evoca nuestra mente esta imagen totalmente figurativa que nos da la pauta a continuar con nuestra reflexión del por que un objeto de uso cotidiano, se convierte en el principal icono de una obra de arte.
Situada en un primer plano, ligeramente desplazada a la derecha en marcado trazo negro, proyecta su sombra al piso con azulado tono, que de mosaicos de colores parte desde el fondo para apoyar el gesto marcado de la silla, que pierde la frialdad con la que fue trazada, gracias a los colores cálidos del fondo, que Morosini aplica de manera oportuna como contrapeso y marca una armonía en la pieza que se desarrolla, como anteriormente mencionamos, con intención personal y vivencial, generando un álbum de múltiples historias para los que observan este objeto inerte, con una silenciosa quietud , que se confabula con nosotros para inmiscuirnos, en el por que, en el para que y en el donde, de esta pieza sencilla, pero de gran manufactura en su estructura, intención y cromatismo , que resumen en pocos elementos intenciones de complejo partir, para buscar iconos, que contengan ese ápice de cultura popular, con los que las personas puedan fácilmente identificarse sin cortapisas; sin encontrar ese marcado afán actual de rebuscamiento e intelectualidad, que encuentra en la obra contemporánea, y que generalmente no logra comprender. Obras como “silla” de Ernesto Morosini, son valoradas por la gente, por saber decir en pocos elementos, lo que muchas otras no dicen.
Titulo que de inmediato nos da el contenido de la pieza; prohibiciones es muy claro en su manera de dirigir la imagen y marca acentuadamente la sexualidad de la pieza, nos enfrentamos a ella como a un tabú grafico, representado por figuras humanas entrelazadas y superpuestas en el lienzo; entre esta maraña de carnes encontramos a una pareja realizando el coito, un ángel que oculta su sexo (al parecer masculino) ubicado junto al muslo femenino, y a manera de evidencia a futuro, se encuentra un bebe entre aquella pareja que pareciera procrear esta creatura que vendrá al mundo; rodeando la escena aparece en un plano secundario el símbolo de prohibido, que es parte esencial de la narrativa del cuadro en cuestión y remarcando la escena , al borde derecho encontramos un par de recuadros, haciéndonos evidentes el bloque del medio, que contiene dentro un ojo lagrimeando, triste, y sufriente, los tonos fríos con los que esta tratada esta parte de la obra marca un justo acento de equilibrio al demás tratamiento de la pieza. Cuanto mas hemos de sufrir las prohibiciones que nos han sido impuestas y cuanto mas hemos de aguantar la represión, que no todos podemos dejar fluir de la misma manera; así como zzepeda, se atreve a plasmarla en el lienzo para dejarla a nuestra conciencia.
Obra de carácter costumbrista, es esta pieza que nos regala Antoni Lasheras, donde claramente observamos en el plano principal aquella pequeña niña, que a la luz de la vela, y bajo los efectos del agotamiento ocasionado por su esfuerzo a caído rendida sobre sus libros y cuadernos, haciendo lo posible por salir avante.
Todo parece dictar por la composición del cuadro, y a la luminosidad que se le confiere a la imagen, se trata de una pequeña que carece de algunos lujos, y la cual no quiere desilusionar a sus padres haciendo lo máximo por enorgullecerles.
El lápiz que se encuentra casi al borde derecho de la mesa, genera un equilibrio de espacio muy poco evidente, pero que sin embargo trae la armonía al cuadro, que carga casi todo el peso visual hacia la izquierda donde se ubica la niña, con su material escolar. La calidez del rostro y el color del suéter contribuyen mucho a llevar la mirada hacia la figura central del tema, el cual tiene todo el impacto que merece la temática, propuesta por Lasheras.
Obra de carácter abstracto, con un rico manejo de texturas táctiles como visuales. Este s/t de Benavente, quedaría limitado si realmente la autora, hubiera puesto un titulo para tratar de definir la pieza. La autosuficiencia de la obra en su interioridad no es más que la latente prueba de las capacidades creadoras y discursivas.
Esos azules un tanto eléctricos, que conviven directamente con la oscuridad del fondo y de ciertas zonas que parecieran arbustos de un bosque a media noche, otorgan ese carácter poético a la pintura de la argentina, como si algún espectro poseyera la atmosfera del cuadro y nos hiciera captarlo mediante de los filtros de la artista, que generosamente nos comparte el instante, bien capturado por su intuición.
Las luces que encontramos acentúan de gran manera esa barrera que compensa la penumbra y la claridad de nuestros movimientos, cual pardos gatos, que caminan y encuentran a su paso un halo luminoso que indica el camino a seguir.
“23”
Víctor Acosta, desde Perú, nos regala esta pieza magistral, con un titulo tan abstracto como sugerente, o dicho en términos de Umberto Eco (obra abierta), ya que la pieza discursa de una manera tan compleja, debido a los entramados compuestos por las figuras superpuestas entre si, que llevan nuestra vista a perderse entre aquella madeja, que sugiere un poder tecnócrata, de maquinas; de gran ciudad; de sociedad vertiginosa postmoderna, que se pierde en un ritmo de vida instantáneo.
Podemos contemplar figuras que sugieren engranes de maquinas, y algunas siluetas de personajes mitad esqueleto mitad cyborg o algo cercano a un robot, debido a la conversión artificial del hombre de hoy día.
Tal vez el titulo sea una predicción futurista, a lo que podría pasar en un par de siglos mas (siglo 23), lo cual ninguno de nosotros podrá comprobar, al menos que seamos resguardados en sistema criogénico, pero que gracias a la obra de Acosta, quedara al menos un antecedente de esa visión, que solo podrán comprobar nuestros sucesores.
Esta obra del artista Batles, nos incita a percatarnos de una fuerza que contiene en si toda la obra del artista, que antecede a esta pieza; de carácter simbólico pero expresionista, tiene como principal elemento icónico una mano en posición de puño asiéndose de un acuerda maltrecha, generando en nosotros, una situación de tensión, debido a la fuerza de su expresividad, haciéndonos reflexionar de inmediato la situación general de la sociedad que se encuentra en un periodo critico y determinante.
Los colores al fondo, no son otra cosa mas que esa carga de rabia mezclada con impotencia, que muchos sentimos al no poder resolver una situación determinada; es obviamente una obra de carácter social, bien manejada en un claro acento frontal y simétrico, que la mano nos entrega visualmente, contrastando con los colores de fondo que van de manera ascendente de los cálidos rojos, a los siniestros ocres, que generan la conjunción perfecta, para un impacto visual concreto, que nos embebe en esa constante reflexión del que pasara mañana.
Pieza de corte realista con tintes de postimpresionismo, en cuanto al manejo cromático de las figuras que componen el cuadro; la mancha amplia se deja ver con sutileza ejecutada sobre el lienzo, ocasionando en nuestra mente una leve reminiscencia a Seurat al contemplar la obra, que nos provoca un carácter connotativo, como es el acto de la introspección, que como bien propone Horacio Santamaría, no tiene fronteras ni limites tajantes que estorben a ese conocimiento generalmente empírico, que es el autoconocimiento, tanto de nuestro cuerpo, como de nuestra mente y que habitualmente se manifiesta ante nosotros bajo la apariencia de los espectros de nuestros recuerdos.
Toda clase de experiencias son las que se relatan en esta obra, en cuerpos entrelazados, una figura joven masculina aparece en la parte izquierda del cuadro en actitud reflexiva cubriendo su sexo; rodeando a esta, se encuentran varias figuras femeninas en posiciones de disfrute sexual. Bastante placentera es su actitud, que contrasta con dos elementos que aparecen en las esquinas tanto derecha como izquierda. Del lado, hacia la otra orilla, donde se encuentra otra mano que ofrece un libro, que tal vez simbolice la experiencia y el conocimiento, que implica tener una vida sexual sana, como la fruta que hizo pecar a Adán y Eva; esa rozagante manzana, llena de tentación , que aquí oculta el rostro de una de esas mujeres, que para cualquier hombre simbolizan lo mismo que simbolizo aquella manzana bíblica, la tentación y el pecado, con rostro infame de calidez y dulzura.
Título de entrada sugerente que muestra una reflexión sobre un estado anímico, simbolizado por una mujer que nos recibe en un primer plano, cubriéndose el rostro con sus brazos, tratando de impedirnos observar su identidad, pero al mismo tiempo nos hace pensar el porque su cuerpo aparece exhibido sin ningún tapujo. Sus senos rozagantes nos incitan al pecado y bajo ese manto de color rojizo, llegamos a entrever su sexo, que pareciera atormentarle mostrar libremente.
La perfección de su cuerpo, nos es más que el indicio adecuado para demostrarnos esta actitud, de rezago, como si quisiera prohibirnos entrar a su vida; obviamente los ojos son el espejo del alma, como el mismo Da vinci, alguna vez lo comentara, pero que se ve mermado por la actitud de sus brazos.
Los colores al fondo, simulando un cielo centellante apoyan con precisión la figura principal de la obra, dándole el sentido escénico necesario para sentir la presencia de esta tortuosa situación introspectiva que Milton Bernal, maneja con gran destreza en esta pieza, y en varias mas de sus obras, que aportan un gran sentido de sinceridad a su estilo simbolista.
Improvisación numero 4, es el titulo de esta obra grafica de este artista argentino, que a manera de geometría, compone sus imágenes en perfecto encuadre, recordándonos a aquellos grandes geómetras, como Malevich o, Kandinsky; quien es referente ineludible, desde la manera de titular la pieza. El manejo de la acromia es verdaderamente pulcro.
Un marcado contraste formal entre el primer plano marcado por dos bloques rectangulares, hacen perfecto contrapeso con la figura circular ubicada en la parte inferior del eje izquierdo, al ras del limite de la pieza, al centro encontramos una figura cuadrangular con una marcada inclinación que nos refiere mas bien a una figura romboidal, el tono de gris claro que cae desde la parte superior de la pieza, se desplaza ligeramente hasta el centro del rombo, para generar un ligereo acento de luz a la obra, que esta organizada en contrastes diagonales de claros y oscuros muy bien intencionados por González, para enriquecer los valores tonales a la pieza. Prueba de ello son los grises ligeros, que tocan los bordes del papel de este grabado geómetra de gran calidad, rompiendo el paradigma del encuadre rígido y forzoso que la mayoría de los grabadores de hoy en día, utilizan en sus composiciones actualmente, dándole un gran punto a favor al autor de “improvisación núm. 4”, del cual estaremos a la espera de nuevos trabajos que contengan esa gran calidad como la que nos ofrece en esta ocasión.
Obra de simple contenido aparente, pero de un alto contenido posiblemente vivencial; una silla que tal vez se convierte en la compañera del artista en su estudio, como aquella celebre silla del cuadro de Van Gogh, “mi cuarto”, es la primera referencia que evoca nuestra mente esta imagen totalmente figurativa que nos da la pauta a continuar con nuestra reflexión del por que un objeto de uso cotidiano, se convierte en el principal icono de una obra de arte.
Situada en un primer plano, ligeramente desplazada a la derecha en marcado trazo negro, proyecta su sombra al piso con azulado tono, que de mosaicos de colores parte desde el fondo para apoyar el gesto marcado de la silla, que pierde la frialdad con la que fue trazada, gracias a los colores cálidos del fondo, que Morosini aplica de manera oportuna como contrapeso y marca una armonía en la pieza que se desarrolla, como anteriormente mencionamos, con intención personal y vivencial, generando un álbum de múltiples historias para los que observan este objeto inerte, con una silenciosa quietud , que se confabula con nosotros para inmiscuirnos, en el por que, en el para que y en el donde, de esta pieza sencilla, pero de gran manufactura en su estructura, intención y cromatismo , que resumen en pocos elementos intenciones de complejo partir, para buscar iconos, que contengan ese ápice de cultura popular, con los que las personas puedan fácilmente identificarse sin cortapisas; sin encontrar ese marcado afán actual de rebuscamiento e intelectualidad, que encuentra en la obra contemporánea, y que generalmente no logra comprender. Obras como “silla” de Ernesto Morosini, son valoradas por la gente, por saber decir en pocos elementos, lo que muchas otras no dicen.
Titulo que de inmediato nos da el contenido de la pieza; prohibiciones es muy claro en su manera de dirigir la imagen y marca acentuadamente la sexualidad de la pieza, nos enfrentamos a ella como a un tabú grafico, representado por figuras humanas entrelazadas y superpuestas en el lienzo; entre esta maraña de carnes encontramos a una pareja realizando el coito, un ángel que oculta su sexo (al parecer masculino) ubicado junto al muslo femenino, y a manera de evidencia a futuro, se encuentra un bebe entre aquella pareja que pareciera procrear esta creatura que vendrá al mundo; rodeando la escena aparece en un plano secundario el símbolo de prohibido, que es parte esencial de la narrativa del cuadro en cuestión y remarcando la escena , al borde derecho encontramos un par de recuadros, haciéndonos evidentes el bloque del medio, que contiene dentro un ojo lagrimeando, triste, y sufriente, los tonos fríos con los que esta tratada esta parte de la obra marca un justo acento de equilibrio al demás tratamiento de la pieza. Cuanto mas hemos de sufrir las prohibiciones que nos han sido impuestas y cuanto mas hemos de aguantar la represión, que no todos podemos dejar fluir de la misma manera; así como zzepeda, se atreve a plasmarla en el lienzo para dejarla a nuestra conciencia.