Últimos comentarios
<strong>Estamos frente a un cultivador del bodyart, el arte del cuerpo, esa tendencia de últimos del siglo XX que marca una dirección narcisista a su concepción provocadora de la creación artística.<br /><br />Los adscritos a esta categoría tampoco lo ocultan pero no dejan de afirmar que es una de sus múltiples propiedades, pues el cuerpo es un abanico, un espectro de muerte, enfermedad, locura, violencia, amor.<br /> <br />Este artista así lo demuestra en sus trabajos, pero más que el impacto visual que desea imponernos y que para ello busca lo negro, lo delirante, la atmósfera propia de un jugete encerrado, lo que quiere a toda costa es una mirada sobre nosotros mismos en ese escenario donde una mínima escenografía trata de confirnanos que el otro también puedo ser yo, que la provocación está en nosotros, que la anhelamos para de alguna forma intentar conocernos.<br /><br />El cuerpo es el principio que seduce y expresa nuestra única opción de vida y muerte, no podemos reducirlo ni minimizarlo, se le debe seguir no como apoyo ni como función, sino como la senda estética que se erige en su propia naturaleza.<br /><br />El cuerpo se transforma en un objeto de experimentación, de lucha, hasta de horror. Dicen que en él se encuentra nuestro destino, por eso hay que estigmatizarlo para desenmascararnos, para desnudar miedos, convenciones, mentiras, traiciones. <br /> <br />Esta obra parece querer navegar por esas aguas turbulentas. </strong>
Que tierna mirada,lápiz prodigioso en manos de un artista límpio.Anatomía perfecta,creatividad,originalidad en el soporte, difuminos delicado del alma.Brota una fuente nueva joven camino de esperanza.Obra con dimensiones sin fronteras,acodado en su mesa nos espera,nos invita al diálogo.De la verdad,del sueño.Carlos "Se están cayendo los ángeles, naranjas hechas de viento.." Mientras nos crece un corazón de tarde sola.Enhorabuena,abrazos.
<br /><br />Solos frente a frente, el hombre y la bestia, es el momento cumbre, una fracción de tiempo, un segundo, un instante es la línea invisible que separa entre derrota y victoria, entre desolación con sabor a polvo de arena y la gloria de la puerta grande y el trofeo. <br /><br />Recordar, “la suerte suprema” se ejecuta en el último tercio de la lidia, donde el toreo se hace con muleta y espada en vez de con el capote. Es el momento culminante que decide la suerte de la faena, instante incomprendido y glorificado a la vez, donde se encuentran cara a cara la vida con la muerte. <br /><br />Dumitru Felciuc, desde su Rumania natal, viene y nos sorprende con una obra taurina, que hay que mirarla como tal, una obra de arte, su pintura, su arte; y en eso sí que me detendré para decirle que pinte lo que pinte lo hace bien, tiene oficio. <br /><br />Ha captado en la obra el gesto, la acción del torero y las maneras del toro, ha cogido con su pincel el momento mismo de la suerte suprema, el torero en acción, suspendido en el aire y el toro en plena embestida hacia la muleta, descargando su fuerza, que apoyado en los cuartos traseros le da una estampa de bravura y solemnidad a la escena; hasta la arena de la plaza en cada apoyo, se levanta para testimoniar, por un lado la nobleza del toro y por otro la valentía del torero, que en ese segundo tiene la suerte echada. <br /><br />Obra figurativa de un realismo impresionante, escenario la plaza y su arena, los protagonistas, el torero vestido de luces y el toro y su bravura, las banderillas y su parafernalia, y el estoque dueño del destino <br /><br />Felicitaciones a Felciuc, su pincel ha ganado a pulso su lidia con la línea y el color y como único estoque, su trazo certero, para regalarnos una bella estampa taurina. <br /><br /><br />
<p>Decir génesis es decir universo en la unidad, en la perfección. Pons Tello nos la da en la idea de circulo, en la fuerza del rojo, en la apertura de un espacio para indagar y crecer a expensas del origen, ese origen que siendo molecular, unicelular... se va llenando de vida y vale para todos los ordenes de la naturaleza <br /><br />El rojo fuego, rojo sangre, por momentos espatulado, da fuerza y apoyo sustancial a la obra y el metal, el ser, se va oxidando, degradando para la renovación constante de la vida y hacer en cada transformación un nuevo génesis. <br /><br />Obra muy buena que maravilla la forma como mueve el intelecto y atravez de esta concentración, de este acto de detenerse y meditarla confirma que la atracción inicial no era simple curiosidad si no una belleza profunda que late en ella. </p>
He de decir del silencio del acecho,espeso,con miles de ojos,cruel.Del dulce silencio que brota del niño dormido.Despertad de esta obra en silencio de gritos fuertes,en el selencio se descansa y se duerme en paz.Maravillosa abstración que me indica el camino para seguir adelante.Fuerte y tierna,como las manos que la realizó.Enhorabuena,saludos
El hombre es un ser perfectamente acabado, que vive aislado en mitad de una multitud.Más aislado entoces que en pleno campo o en pleno desierto.Obra desoledades bellamente meditada y asombrosamente mensajera. Por que en pleno desierto está consigo mismo.Un ser humano que no puede estar solo es un imbécil. Carece en primer lugar de imaginación, cosa que le sobra a esta bella obra de arte. Emhorabuena,saludos
Ante esta obra descubrimos que el yo - ese yo que se hace más subjetivo pues es su referencia única- es un caudal de vida que solamente tiene una traducción: la reconquista del espacio del lienzo con el fin de formular un concepto plástico que defina la creatividad del pintor, de sí mismo.<br /><br />Para ello lo construye partiendo de su gestualidad, de un esquema de improvisación meditado e inquieto, que reviste formas que exigen una interpretación desde la base de su configuración, es decir, desde dentro, no desde fuera, hasta culminar una geometría que nace para sumergirse en la visión que él quiere, la que dimensiona y hace presente su realidad.<br /><br />El fuerte cromatismo (lo neutro deja lugar a lo caliente) hace que dialoguen velozmente las múltiples esferas y módulos -esa impresión de velocidad horizontal y vertical no se nos va de la retina, esa sensación de ruedas funcionando- de un universo que en lugar de exigir nuestro despojo nos inunda, conduce nuestros ojos por rumbos donde entablamos contactos que posibilitan la quimera de nuestras intuiciones. El se sirve y nos sirve.<br /><br />No hace falta en un expresionismo abstracto o en un simple posabstracto, de lo que se trata es de la búsqueda de nuevas cualidades, atributos, para desarrollar un trabajo que dignifique esa senda, que vaya más allá de una conceptualización tópica.<br /><br />Veremos si lo consigue, pues éste es un objetivo que nunca tiene fin.
Toda puerta implica la posibilidad de pasar al otro lado, la existencia de otra realidad más allá de la pared. Una puerta abierta es algo así como el desfallecimiento de la solidez del muro. En esta obra, el umbral de tránsito tiene lugar en las ruinas de una casa abandonada rodeada de vegetación. Vemos lo que fue un entorno doméstico, pequeña patria íntima que ha desaparecido.
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<br>El ojo del espectador mira desde un lugar que fue y ya no es, y contempla al otro lado del edificio semiderruido la frondosidad de la naturaleza. Plantas y arbustos han recuperado aquel terreno circundante que les fue arrebatado para uso humano y que ahora reconquistan con renovada fuerza. La vitalidad de este jardín silvestre y aleatorio contrasta con la decrepitud del caserón. El aparente caos de la flora se impone al intento de ordenación urbanística.
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<br>En un mundo vertiginoso, donde los acontecimientos se suceden con inusitada rapidez, la desaparición deviene una metáfora identificadora del signo de los tiempos. Todo cambia sin cesar y no es raro pues que las personas que no han perdido la memoria, y más aún los artistas de mirada lúcida, se conviertan en coleccionistas de desapariciones.
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<br>A veces para interpretar el mundo, la vida, y quizás a nosotros mismos, tenemos que acudir a los vestigios y a los restos de lo que un día existió en todo su esplendor, y aprender la dura lección de la humildad. Todo es efímero y sólo queda la belleza fugaz, bendita belleza fugaz, del instante fijado en la fotografía.
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Se puede estar o no de acuerdo con algo, pero el comentario de Rafael Piedehierro es desafortunado y fuera de lugar respecto a la obra de Dumitru. Si este hombre que dice ser artista no lo fuera, sería entendible, porque la ignorancia suele ser atrevida, pero en este caso, creo que debería retirar su comentario y rectificar. Para discutir de toros y asesinatos hay otros foros, y hay diccionarios para ilustrar a los carentes de conocimiento. El arte, es el arte, y como tal hay que valorarlo, dejando las fobias ocultas a un lado, para que no empañen la obra de un artista. Creo que Dumitru es un extraordinario pintor, sólo hay que mirar sus obras con ojos de arte y la belleza aflorará cautivándonos. Mi apoyo a Dumitru para que siga pintando así de bien.
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Titulo irónico, amplía la visión de la obra, hace de la obra una sección, La convierte en un trozo de arte, Y si un trozo de este arte da de si, lo que da, Que daría de si el laberinto entero. Un titulo que suma arte al arte, una obra que sin necesitar de palabras, consigue que ellas acaricien el cálido frío el metal.
La importancia de las palabras.
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<br>Dos comentarios por debajo, se habla de asesinato, Disculpen pero esto no es un asesinato, A los animales se los sacrifica, no se los asesina, para que me entienda yo soy carnívoro no caníbal.
<br>Por muy a la contra que estemos de lo taurino, no se pueden confundir los términos, ya que con esta regla los humanos somos sacrificados y no asesinados, Y ya hay demasiados asesinatos entendidos como daños colaterales.
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<br>Y disculpe estimado dumitru.
<br>El cuadro a mi me gusta.
Con el permiso de: Rafael Piedehierro; en la pintura no es lo que representas, sino como lo representas; en esta obra veo el manejo impresionante del hiperrealismo en su máximo volumen, la escena es muy dolorosa, pero de la forma que lo a plasmado y el movimiento que le imprime es extraordinario.
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<br>Para mí, el mensaje de esta obra es que tomemos conciencia de la indignación del crimen ya que en la plaza todo pasa muy rápido.
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<br>felicidades y éxito Dumitru
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El artista nos sitúa ante un campo intemporal pero tangible de fuerzas. Los cuerpos, mancillados con un expresionismo que nos angustia, se transmutan en significados. <br /><br />Y a partir de ahí nos envuelve una escena de martirologio que respira un denso colorismo que todavía hace más palpitante la representación.<br /><br />Fruto de toda una iconografía que se remonta a la pintura religiosa medieval, impregnándose del realismo expresionista procedente del norte de Europa, esta obra, que a su vez absorbe la impronta lumínica latina, enmarca un patetismo que tiene la intención directa de involucrar y atrapar nuestra mirada en la desnudez inmediata, física de ese primer plano, base culminante de los otros dos, en el desemparo y fragilidad de nuestra propia condición.<br /><br />Han desaparecido los rasgos, solamente quedan seres como vestigios del horror, víctimas impotentes, profanas, rotas.<br /><br />Lo que también llama la atención es que obra no guarda coherencia con el resto que expone en su página; es como una llamada que el artista ha sentido y como si se le hubiera desgarrado la respiración en el momento de concebirla.<br /><br />Obra de fuerte impacto, con un personaje sobre el que gravitan hábilmente los distintos planos del lienzo hasta tejer una sinfonía de pasión, la que aureola una soledad no compartida. <br />
Nos hemos de remontar a los tiempos del poeta latino Horacio. Ya entonces se consideraba la pintura como una forma de poesía muda y la poesía, como una variante de pintura hablada. En este universo de palabras y silencios, de visibilidades e invisibilidades, se engendra uno de los principios del arte: tan importante es lo que se muestra al espectador (lo que se dice, lo que se sugiere) como aquello que se le oculta (que se calla, que se omite). Poesía y pintura, palabras pintadas y pigmentos que se dirían recitados, se funden en esta obra con naturalidad. La artista domina disciplinas diversas, como diverso es el complejo juego de la vida. Universo rojo y abierto como las páginas de un libro.
Wálter Félix trasnocha al macho cabrío de la mitología griega, para recrearnos en esta obra, con certidumbre de creador, a un sátiro de hoy fragmentado por el color, roto por el fraccionamiento de las formas, sintetizado en la cara, cuya lengua en el pezón suplanta los cuernecillos, patas y rabo de su antecesor. <br /><br />En la configuración de la obra se despreocupa de seguir el sentido natural de la línea, la interrumpe cuando quiere, la quiebra y la vuelve a encausar, resucitándola a su antojo, para que el curso de la creación tome forma, tome vida en el lienzo que va agotando su extensión poco a poco, mientras el color encaramado en retazos como si fuera un mosaico griego va dándole forma al sátiro, que nos lo ofrece como un espejo roto que apura sus pedazos para sostener la escena. <br /><br />En este trance, el trazo y la línea sufren desencuentros fortuitos con la forma, fraccionamientos intencionadados, para que no nos distraiga la formalidad del pincel en su huída, en su búsqueda de la certidumbre, en su paso con el óleo, en la búsqueda de los vértices donde se quiebra la línea; prescindiendo de la perfección académica, para que tenga sentido la creación, yendo de la parte al todo, trozo a trozo construyendo como si fuera un vitral griego, un rompecabezas que se resiste a ser visto, a delatar su caos ordenado, concebido ex profeso. <br /><br />El pintor apoya su tesis de la fragmentación en los colores que se alían con su impulso creador, emparentando tonos dislocantes, disonantes de lo real, para que el contraste y la ruptura de los planos completen la idea, arrastrando a la imaginación que fuerce su búsqueda en la realidad deformada, fragmentada. <br /><br />Excelente interpretación del personaje, y en su idea muy buena la recreación de la escena. <br />
La materia está ahí para que con mano maestra la utilicemos, construyamos con ella lo que no está visible, hurguemos en su versatilidad hasta crear formas, texturas, movimientos, que la hagan erigirse en la gran protagonista.<br /><br />La materia permite al artista desvelar signos, rastrear huellas, concitar señales, una simbiosis entre arte y naturaleza, entre poesía y pensamiento.<br /><br />En esta obra, los círculos concéntricos nunca acaban de cerrarse porque uno abre el otro y el siguiente y así sucesivamente en una secuencia de larga vida, de aliento del sustrato que tiene vocación de imperecedero.<br /><br />La mancha azul se superpone como un símbolo que engrana esa imaginario circunferencial con la odisea de una evolución que no tiene fin porque la materia, esa es su gran verdad, no lo tiene, nos deja su memoria en obras como ésta para que nunca olvidemos que su existencia se transforma al hilo de la nuestra y que su viaje se cierra también con el que nos toque sufrir.<br /><br />Y hay que añadir que esa vejez, ese deterioro, ese cansancio, que se desprende e imprime a los elementos que la conforman es la pátina de un tiempo que juntamente con el artista va fraguando la obra, la va dejando que se desarrolle por el camino que ya había trazado. Todavía no es la extinción pero parece que no queda muy lejos. <br />
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